Carta Estelar – 1 – Ciudad Balcón – Alan

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1.2 – Alan

carta_estelar_miniAlan Duke, capitán de la goleta ligera Aditi, esperaba junto a su primer oficial, Ida Kemény, en una mesa en un rincón de ese mismo local. Él era un hombre de mediana edad, gustos sencillos, y un sentido del humor un tanto peculiar. Pese a que su reputación decía que era un contrabandista eficiente y discreto, la realidad era que muchas veces sus actos contradecían dicha fama.

Un claro ejemplo de eso fue su reacción al ver a aquella chica.

– ¡¿Has visto a esa prostituta?! –No fue capaz de contenerse una vez ella hubo abandonado el bar –La madre que me parió, estaba tremenda…

A su lado Ida, de expresión por lo general impasible, miraba cansada a su capitán. Veterana del ejército, había luchado durante años en las fuerzas especiales de Titán hasta que, tras un golpe de estado, su gobierno fue aniquilado mientras ella se encontraba en una misión en el borde exterior. Nunca había podido volver, y había encontrado su nuevo hogar en la Aditi, encargándose de que su inconsciente capitán siguiese vivo.

Un claro ejemplo de eso fue su reacción al ver a aquella chica.

– ¡¿Has visto a esa prostituta?! –No fue capaz de contenerse una vez ella hubo abandonado el bar –La madre que me parió, estaba tremenda…

A su lado Ida, de expresión por lo general impasible, miraba cansada a su capitán. Veterana del ejército, había luchado durante años en las fuerzas especiales de Titán hasta que, tras un golpe de estado, su gobierno fue aniquilado mientras ella se encontraba en una misión en el borde exterior. Nunca había podido volver, y había encontrado su nuevo hogar en la Aditi, encargándose de que su inconsciente capitán siguiese vivo.

–Señor, sé que voy a lamentar esto, pero ¿Cómo sabe usted que…? – le preguntó con un planísimo tono de voz.

Estas salidas de tono no le eran algo desconocido pero no podía evitar detestarlas. En su trabajo pasar desapercibidos era esencial y debido a estos ataques de efusividad rara vez lo conseguían.

– ¡Guau! No me importaría contratarla – continuó Alan ignorándola– ¿Alguna vez hemos tenido una prostituta contratada para la nave?

–No, señor, pero vuelvo a repetirle que…

–Si la volviese a ver te aseguro que esta vez tendríamos una – seguía hablando emocionado – Que buena estaba… ¿Cuánto crees que cobrará?

–Señor…– insistía pero no parecía escucharle.

–Con su aspecto habría dicho que es cara, pero si está por aquí no debería… – se quedó pensativo – quizá sea adicta a alguna droga o sea una de esas a las que les gustan cosas raras.

– ¡Señor!

– ¿Si? – preguntó como si fuese la primera vez que la escuchaba

– ¿Ha terminado de insultar de manera gratuita a aquella pobre chica? Tenemos trabajo que hacer

– ¿A quién? ¿A la prostituta? – se sorprendió.

–No tiene ni idea de si es una prostituta o no…

– ¿Cómo? Me ofendes – respondió el capitán Duke – ¿Insinúas que no se distinguir a una prostituta cuando la veo?

–Señor, no tiene ninguna prueba para decir que esa chica fuese una prostituta – respondió evidente enfado –  Esta conversación empieza a ser desagradable…

– ¿Qué? ¿Cómo? ¡Claro que la tengo! ¿No la viste? – Declaró enfurruñándose como un niño pequeño – Vestía como una prostituta y…

Ida suspiró un instante antes de preguntar. En ocasiones requería más paciencia que la desactivación de una bomba, quizá algún día acabase estrangulándolo.

–Capitán… ¿Podría recordarme por qué sigo trabajando para usted?

–Por… ¿mi indefinido encanto personal? – bromeó esbozando una media sonrisa.

–… – durante un instante no supo que decir – ¿Podemos pasar al plan?

– ¿El plan? – El capitán parecía de nuevo sorprendido –  ¡Ah, sí! ¡El plan!

Rebuscó en el bolsillo de su gabardina hasta encontrar un pequeño papel arrugado.

– ¡Aquí está!

–Capitán, como siempre me asombra – el tono de hastío de Ida se intensificaba – ¿Saldrá bien al menos esta vez?

– ¡Claro que sí! ¿Por qué iba a salir mal? – Respondió haciéndose el ofendido – Goodey llegará de un momento a otro.

Justo al oír ese nombre la mirada de ella se ensombreció aún más.

– ¿Por qué sigue confiando en él, señor? Está loco.

– ¿Loco? Qué cosas dices… es una persona de lo más agradable. Y sabes que no encontraremos a ningún otro ingeniero tan hábil dispuesto a venir con nosotros. – le respondió con un repentino gesto de seriedad.

Eso, para su desgracia, era cierto. John Goodey era un genio, había sido capaz de mantener a la vieja Aditi en vuelo usando trozos de mobiliario a modo de repuestos, y podía asaltar la red interna de cualquier organización, siempre y cuando se encontrase de buen humor. Se había ofrecido voluntario a entrar en la tripulación cuando la nave se había estrellado en una playa en las afueras de Aisén, en Ishtar Terra, donde se encontraba bronceándose. Creyó que aquello era una señal.

Apenas habían terminado de hablar de él cuando un  hombre alto y rubio, con una poblada barba y vestido con una antigua chaqueta de aviador, entró caminando a grandes zancadas.

– ¡Hey, amigos! – Saludó al tiempo que llegaba a la mesa donde se encontraban– Ya estoy aquí.

Agarró una silla y se sentó junto a ambos para, de inmediato, clavar la mirada en Alan.

–Capitán – empezó a decir – ¿No habíamos hablado alguna vez de contratar a una prostituta para la nave? Me acabo de cruzar con una que… ¡Ay! ¡Si la hubiese visto!

– ¡Te lo dije! – Saltó el capitán – Sí que se distinguir a una prostituta.

–De acuerdo capitán, usted gana – respondió Ida haciendo ver que estaba demasiado cansada  del tema como para seguir discutiendo– ¿Podemos pasar a tratar el plan de maldita una vez?

Goodey la miró sorprendido.

– ¿Qué le ha picado a esta, capi?

–Nada, pero tiene razón, pasemos al plan – se centró al fin el capitán – ¿Has preparado lo que te pedí?

–Pues… si, podría decirse que sí – comunicó con total tranquilidad mientras se recostaba en la silla.

– ¿Podría decirse? – le interrogó ella.

–Sí, la verdad es que está terminado todo y estoy convencido de que funcionará, pero no he podido probarlo – mientras hablaba se dio la  vuelta buscando con la mirada al camarero – ¡Hey, colega! ¡Tráeme un vaso del whisky más barato que tengas!

– ¿Entonces como sabes que funcionará? – continuó Ida.

–Mmm… Capitán, no puedo trabajar con todo este escepticismo, lo llena todo de malas vibraciones – se quejó antes de volverse hacia ella – No he podido probarlo porque estamos en el lugar más vigilado del universo. Si lo hago aquí detectarán la señal y la rastrearán hacia nuestra nave. Debemos hacerlo cuando el transbordador se haya alejado.

– ¿Funcionará, verdad? – quiso saber el capitán

–Pues claro hombre, abriremos su hangar, entraremos, nos iremos y ni siquiera se habrán despertado de la siesta. Salvo que nos vean claro.

– ¿Qué nos vean? – Alan preguntó intrigado.

–Claro, por las ventanas ¿No esperaríais que también me ocupase de eso verdad? Los ojos de la gente aún no son parte de mi negocio, al menos no los de toda la gente.

Ida los miro a ambos boquiabierta

–Sí señor, esto va a ser fantástico.

– ¿Por qué siempre tienes que estropearlo todo con tu mala sombra? – Le pregunto Goodey exaltado– ¿No puedes aportar algo positivo? ¿Darnos ánimos y desear que todo salga bien?

Con un repentino movimiento Ida puso una pistola sobre la mesa.

– ¡Esto es lo que voy a aportar cuando todo se tuerza y tenga que salvaros el cuello! – replicó con deliberada agresividad.

Goodey cogió el arma con delicadeza y se la devolvió.

–Y nosotros te lo agradecemos, pero… ¿No podrías hacerlo con una sonrisa? Todo sería mucho más agradable y menos dramatico.

– ¡Dejadlo ya! Siempre estáis igual – les cortó el capitán mientras sacaba un viejo transmisor del bolsillo – ¿Sharp tiene la Aditi a punto?

–No lo sé – respondió Goodey con indiferencia – cuando me fui de allí aún no estaba, pero he tenido una tarde ocupada.

Mientras el camarero colocaba en la mesa un vaso de cristal con bastante hielo y algo de whisky, Alan se colocó el transmisor cerca del oído y lo accionó.

– ¿Sharp? Responde ¿Estás ahí?

Sigue leyendo – 1 – Ciudad Balcón – Sharp

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