Carta Estelar – 1 – Ciudad Balcón – Sharp

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1.3 – Sharp

carta_estelar_miniLa Aditi se encontraba atracada en el en sexto modulo del puerto de Egivis, alineada con una centena de naves de tamaño similar. Se trataba de una pequeña y rápida goleta, salida de los astilleros Burkhard en Mercurio, que en las condiciones adecuadas podía pasar meses en el espacio sin necesidad de ningún suministro.

Pese a que para hacerla volar era suficiente con una persona, su interior podía acomodar hasta diez sin que estas tuviesen problemas de espacio. La organización interior era sencilla; en la parte delantera la cabina con un pasillo que llegaba a una sala circular con una mesa en el centro que se utilizaba de comedor, continuando hacia atrás la sala de motores y hacia los lados los camarotes y los accesos a la bodega, situada debajo del comedor y los citados camarotes. Por último, desde hacía tiempo y debido a que había demostrado ser un añadido de extrema necesidad, uno de los camarotes se había acondicionado para poder hacer de enfermería o incluso de quirófano de urgencia.

El aspecto exterior de semielipse, con una hilera de propulsores en la zona posterior, un motor direccional acoplado a cada lado y los sensores sobresaliendo en la parte delantera, era algo común entre las naves de su clase. Era difícil encontrar aspectos que distinguiesen su apariencia de la de cualquier otra nave de transporte.

Sentado en la silla del piloto, terminando de introducir las coordenadas de su siguiente vuelo en el ordenador de navegación, se encontraba Finley Sharp, ex coronel del ejército de la Alianza de Planetas Interiores y puntilloso piloto de la Aditi.

–Diagnóstico de sistema completado – le indico en ese momento una suave voz femenina.

La interfaz de la nave poseía una voz, de timbre agradable, que había sido instalada mucho antes de que Sharp fuese su piloto, quizá antes de que el capitán se hiciese con ella. En condiciones óptimas era capaz de hacer volar la nave por sí sola, y resultaba de gran ayuda en las maniobras de entrada y salida de las estaciones. Aunque esa era una ayuda que Sharp no necesitaba; durante sus años en el ejército se había acostumbrado a pilotar sin el apoyo de los ordenadores de a bordo, y aun en las ocasiones difíciles solía retirarle todos los permisos a la inteligencia de la nave. Lo que a la hora de la verdad la convertía en algo importante era su capacidad para tener al día hasta el mínimo detalle el estado de la nave, y su voz. Sharp adoraba su voz. Como un viejo contrabandista le había contado cuando estaba atracado en Niahm Mira, si un piloto amaba a su nave esta le correspondía. Y para él aquella goleta no era solo una nave, era su hogar y su amiga. Sharp amaba a Aditi, y ella se lo había correspondido en multitud de ocasiones salvándole la vida.

–Bien Adi – contestó recostándose en la silla – ¿Qué tal te encuentras hoy?

–Todos los sistemas se encuentran operativos – empezó el informe la nave – Existen dos alertas leves y una de nivel crítico.

–Ilumíname preciosa – sonrió cerrando un segundo los ojos mientras miraba al techo. Sabía palabra por palabra lo que le iba a decir.

–Alerta de seguridad número uno: El motor ha superado las cien mil horas de vuelo. Se recomienda revisión reglamentaria.

–Recuérdamelo más tarde ¿quieres?

–Aviso pospuesto – continuó – Alerta de seguridad número dos: Imposible contactar con interfaz “Zero”.

–Sé que lo echas de menos, pero Zero está apagado mientras lo reparamos – le respondió también con suavidad a la nave – en un rato debería volver a estar contigo.

El pequeño caza que guardaban en el compartimento de carga de babor, ahora adaptado a modo de hangar, poseía una interfaz hermana de la de la nave principal que se mantenía siempre en contacto con esta. A veces parecía que no podían estar separados.

–Alerta critica de seguridad número uno: Integridad del casco comprometida en secciones tres, cinco y seis. Integridad del casco critica en secciones uno y cuatro. Se recomienda inmovilización total hasta que el problema sea subsanado.

–Lo sé, lo sé pequeña… – contesto apenado Sharp mientras se pasaba las manos por el pelo – pero necesito que aguantes un poco más. Solo un viaje más… luego podrás descansar.

–Alerta crítica archivada hasta siguiente diagnostico bajo autorización de voz del comandante Sharp – completó la nave – Diagnostico terminado.

Volvió a recostarse en la silla con la mirada perdida en los controles que tenía ante él. Un vuelo más, solo uno, necesitaba que lo aguantase. Sin el dinero de su siguiente trabajo no podían pagar las reparaciones que la nave necesitaba y no podían seguir parcheando el casco más tiempo.

La melodiosa voz de Adi volvió a dirigirse a él, interrumpiendo sus pensamientos, mientras una pequeña luz verde parpadeaba en el panel de mandos.

–Tiene una llamada desde el terminal del Capitán Duke

Irguiéndose un momento se inclinó sobre el panel principal.

–Pásamela, no vayamos a hacerle esperar demasiado.

En vertical sobre el tablero que tenía delante se proyectó un pequeño rectángulo donde al instante aparecieron los datos del terminal desde el que le llamaban.

– ¿Sharp? Responde ¿Estás ahí? – preguntó una voz metálica por cuyo tono podía adivinarse al propietario de la nave.

–Le escucho, capitán – respondió Sharp con la seriedad que le caracterizaba.

– ¿Cómo van las cosas por ahí? – Le interrogó – ¿Estará la nave a punto para salir?

–La Aditi está lista para salir ahora mismo si hace falta – continuó – Sin embargo Tom está tardando algo más de lo normal con Zero. Iré a ver qué le pasa, pero vendría bien que nos devolvieses a Goodey.

–De acuerdo, en una hora lo tendréis allí. Recuerda, salimos a las nueve en punto.

–Tranquilo capitán, lo recuerdo. Si eso es todo…

–Eso es todo.

Con un rápido gesto de la mano cortó la comunicación e hizo desaparecer el rectángulo holográfico antes de levantarse del asiento. Miró un momento a través de la cristalera de la cabina. El puerto rebosaba de actividad, se notaba que al día siguiente iban a hacer un envió hacia las colonias exteriores.

–Abandono la cabina Adi – le comunicó a la nave – Desvía cualquier llamada a mi terminal portátil.

Se dio la vuelta y salió de la cabina en dirección a la bodega de babor. Convertirlo en un hangar, para que el caza pudiese despegar en pleno vuelo, había sido con facilidad una de las ideas más brillantes que había tenido el capitán. Aunque era una faena perder espacio de carga, aquel caza había supuesto muchas veces la diferencia entre el éxito y el fracaso. Incluso entre la vida y la muerte.

Avanzó a través de la sala común. En la mesa se encontraba Anton Van Vuuren, médico de la nave. Le habían contratado como contrataban allí a todo el mundo, porque no había más alternativas. Con la nave incrustada en un desfiladero de Rea, perdiendo presión en la cabina, mientras trataban de rescatar a los pasajeros de un transporte atmosférico estrellado. Una sección de la Aditi se había venido abajo aplastando a Ida y haciendo que se le perforase un pulmón. Por suerte había un medico entre los supervivientes y todo acabó más o menos bien. Tras eso el capitán le ofreció quedarse y aceptó, y el asunto no había salido del todo mal. Era un buen tío y un buen médico, aunque se asustaba con demasiada facilidad. En ese momento se encontraba distraído leyendo un libro, uno impreso en papel. Sharp prefería no preguntarse cuanto debía haberle costado. Puerta al Verano se veía escrito en la tapa. Decidió no molestarle.

Ya en la sección de babor, bajó por la escalerilla que lleva a la bodega, donde un hombre bajito y calvo vestido con un mono de trabajo azul se peleaba con una pequeña y desgastada nave con forma de huevo.

Tom Rooke, que sostenía tener antepasados japoneses, era el piloto de Zero, el caza de la nave. Aunque detestaba que nadie tocase a su pequeño, rara vez era capaz siquiera de realizar el mantenimiento más básico. Sus reflejos a los mandos de la nave eran decentes, pero su habilidad mecánica estaba cerca de no existir. Habría sido fácil encontrar un piloto de mejores condiciones pero tenía algo que le hacía difícil de sustituir: contactos. Sobre todo en tiempos como aquellos, con la crisis que asolaba el sistema, era algo por lo que valía la pena tener a bordo a la persona más inútil del mundo.

Y había sido aquel hombre que insultaba a esa pequeña nave que tanto adoraba, quien les había conseguido el trabajo que tenían al día siguiente.

–¡Mierda! ¡Joder! – Gritó Tom mientras se giraba hacia Sharp – ¿Has hablado con el capitán? ¡¿Dónde está ese malnacido de Goodey?!

–En un rato lo tendrás aquí, no te calientes. ¿Qué tal está hoy Zero? – Le preguntó Sharp mientras trataba de calmarlo – Adi lo echa de menos.

–El panel de instrumentos no funciona, lo demás si pero en este estado no sabré si falla nada ni podre apuntar más que a ojo – se quejó – No es que no lo haya hecho nunca, pero me niego a meterme así donde vamos a meternos.

–Tranquilo, lo arreglaremos. Además… no debería ser difícil. – le replicó Sharp – Un simple carguero con pasajeros, lo hemos hecho muchas veces.

–El problema no es el puto carguero, el problema viene después. ¡Esa zorra lunática! – Continuaba gritando – Si lo llego a saber nunca la habría puesto en contacto con el capitán. ¡Joder! ¡Europa! ¡Es una puta zona de guerra! ¿A quién coño se le ocurre meterse allí?

–Tranquilo, tenemos bastante información sobre la zona, sabemos por dónde entrar y como salir y llevaremos las señales de ayuda humanitaria. No pasará nada – trató de tranquilizarle Sharp

–¿Qué no pasará nada? ¡¿Que no pasará nada? Te diré yo lo que va a pasar, utilizaran las putas señales como diana para hacer tiro al blanco. ¡Y tú sabes tan bien como yo en qué condiciones se encuentra el casco de esta chatarra en la que volamos! – le señalaba histérico – Cuando toquemos el suelo el trozo más grande que quedará de la nave será tan pequeño que se lo podrán meter por el culo si les apetece… ¡Jodida zorra! Con razón no me contó en que quería meternos… la habría mandado a la mierda al doble de la velocidad de la luz…

Durante un buen rato continuó despotricando sobre la mujer que les había contratado, mientras Sharp volvía a la cabina. Quizá tuviese razón, Europa estaba envuelta en una guerra civil y el mero hecho de acercarse ya entrañaba un gran riesgo, pero el trabajo escaseaba y había bastante a ganar.

Además, el hecho de que por una vez fueran a hacer una buena acción le reconfortaba.

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