Relato – El Cometa

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cometLas pequeñas líneas de luz que se colaban a través de los huecos de las persianas eran cada vez más intensas. Habían comenzado siendo casi imperceptibles pero ahora marcaban el suelo del despacho como si de un código de barras se tratase.

Recostado en la silla con los pies sobre la mesa agotaba los últimos tragos de su whisky, ya apenas era agua fría. Estiró el brazo para coger la botella que se encontraba sobre la mesa, no quedaba demasiado. Durante unos instantes miro el vaso que tenía en la otra mano antes de dejarlo caer al suelo y comenzar a beber directamente de la botella. Dejo caer también la botella mientras se ponía en pie. El ruido del cristal golpeando al suelo durante unos instantes le molestó, pero pronto cesó.

Se quitó la chaqueta, comenzaba a hacer calor. Avanzó despacio hacia la ventana y levantó la persiana. La luz inundó la estancia aunque el resplandor todavía no era lo bastante intensa para obligarla a apartar la vista del horizonte.

A su espalda sonaron unos pasos, conocía esa cadencia. Los pasos se acercaron y una figura se colocó a su lado, una figura femenina. El la rodeo por la cintura con su brazo al tiempo que ella se apoyaba sobre su hombro mientras observaba también la lejanía.

¿Cuánto quedaría? ¿Minutos? ¿Segundos? Lo único que podían hacer era esperar mientras el resplandor continuaba aumentando.

Él le susurró algo al oído que consiguió arrancarle una sonrisa al tiempo que ella se le aferraba con más fuerza.

Continuaron observando a través del cristal, cada vez era más difícil mantener fija la vista. Tenían un lugar privilegiado, en primera línea, pero tendrían que apartar la mirada antes de que sucediera. Una verdadera lástima.

De pronto se notaron sudando, la temperatura había ido subiendo poco a poco. Comenzaba a ser incomodo aunque a esas alturas ya no importaba demasiado.

En el exterior hacia tiempo que el pánico había dejado su lugar al silencio, las calles estaban casi desiertas. En algunas zonas había pequeñas reuniones. Gente que lo festejaba, gente que rezaba. Otros que con tranquilidad esperaban sentados, admirando el espectáculo.

Poco a poco un pequeño zumbido en el que hasta entonces casi nadie había reparado fue ganando intensidad. Comenzaban a formarse corrientes de aire que no parecían tener muy claro hacia donde soplar. El suelo empezó a temblar, al principio fue casi imperceptible. Ya quedaba poco.

Desde la penúltima planta del edificio más alto de la ciudad continuaron mirando todo el tiempo que sus ojos les permitieron. Al final tuvieron que apartar la vista, la magnífica imagen parecía no querer que sus espectadores la contemplaran.

Durante unos instantes se miraron a los ojos, ambas miradas decían lo mismo, y ninguna deseaba estar en otra parte. Sus labios se rozaron, sus cuerpos encajaban a la perfección fundiéndose en una única sombra, una única alma aguardando que llegara, a que el destino les alcanzara, a que les inmortalizara.