Carta Estelar – 2 – Nueve Soldados – Walther

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2.1 – Walther

carta_estelar_miniSe incorporó mientras seguía mirando aquello con cara de asco. A su alrededor el equipo forense continuaba analizando muestras de tejidos de los cadáveres que se agolpaban en camillas en aquella pequeña sala. Uno tras otro introducían los viales con apenas una gota de sangre en el detector y una tras otra iban apareciendo en la pantalla los historiales de los fallecidos. Nueve de los mejores soldados de la compañía Jade armados hasta los dientes, y no parecía haber ninguna prueba de quien los había matado. Nueve soldados muertos con los cargadores de sus fusiles vacíos, y ni una muestra de tejido de quien les había hecho frente.

–Avísame cuando esté todo – se dirigió al hombre que a su lado observaba en silencio un grupo de fotografías.

Ni siquiera espero a verle asentir antes de darse la vuelta y alejarse caminando de allí. La visión de todo aquello le resultaba perturbadora. Había visto muchos cadáveres a lo largo de su vida, pero era algo a lo que nunca se acostumbraría. En aquel momento, aquel sector entero estaba cortado al público; solo los agentes asignados al caso tenían acceso, las cámaras habían sido apagadas, y los pasillos estaban plagados de inhibidores de frecuencia. Estaba claro que aquel no era un asesinato cualquiera.

Al cruzar el último control de seguridad se acercó a una de las entradas del sistema de ventilación y encendió un cigarro. Aspiró despacio el humo y se sentó en el suelo a pensar. Habían pasado dos días y ni la prensa ni la policía tenían constancia de que hubiese sucedido. Habían pasado dos días y el escenario del crimen llevaba dos días reluciente y abierto al público. Toda evidencia que hubiesen encontrado allí estaba ahora en esa pequeña sala que acababa de abandonar. Aquello no había ocurrido.

Aquello no había sido un crimen normal, eso lo tenía claro. Nadie era capaz de acabar con nueve soldados de la compañía Jade sin dejar ni una marca. Nadie era capaz de hacerlo solo con sus manos como le habían informado que se veía en las grabaciones de seguridad. No, aquello no había sido un crimen normal; de lo contrario él no estaría allí.

Hacía mucho tiempo que ese tipo de cosas le cansaban, pero nunca había sabido hacer otra cosa. Y aun en el caso de que hubiese sabido, el dinero era demasiado tentador. Quizá después de esto se retirase… había pensado eso muchas veces. Hacía tiempo que pasaba de los cincuenta aunque nadie tenía muy clara su edad concreta. De pelo grisáceo y un rostro de rasgos marcados, dominado por una ancha nariz, su expresión habitual solía hacer pensar a los de alrededor que se encontraba dándole vueltas a algo. Y la mayoría de los casos tenían razón, porque eso es a lo que se dedicaba.

Apurando las últimas caladas al cigarro miró el viejo reloj de manillas que llevaba en su muñeca, marcaba las tres de la mañana. Iba siendo hora de reunir a su equipo, no tenía mucho tiempo que perder. Torció el gesto, a Maya no le iba a hacer ninguna gracia volver tan rápido al ruedo. Apagó contra el suelo de rejilla los restos del cigarro y se quedó un instante mirando hacia una de las, ahora inactivas, cámaras que poblaban el techo. Necesitaba ver por sí mismo las grabaciones, y necesitaba hablar con Robert Saunders sobre el problema que tenían. Porque eso es a lo que se dedicaba, Walther Bourg resolvía problemas.

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