Carta Estelar – 2 – Nueve Soldados – Los Gemelos

Carta Estelar – Índice

2.4 – Los Gemelos

carta_estelar_miniCerraron con suavidad la puerta de la casa, cuidadosos que de que el ruido no perturbase a los vecinos, justo antes de echarse a andar. En aquel pequeño vecindario el silencio era uno de los bienes más preciados. Lejos de todo, sus inquilinos se distraían con asiduidad escuchando el romper de las olas del mar en un acantilado cercano o el sonido de la brisa moviendo las ramas de los árboles. Quienes vivían allí pagaban grandes sumas de dinero para poder hacerlo y no toleraban alteraciones. Las normas de convivencia eran muy estrictas. A los gemelos les gustaba, ellos habrían sido los primeros en advertir de un comportamiento inapropiado en la zona.

Caminaban acompasados mientras se alejaban, como siguiendo un guion, el uno con el otro. Mirando al frente, sin desviar la vista de su camino. Nunca pisaban el césped, nunca ensuciaban la acera. Eran totalmente conscientes del privilegio que suponía estar donde estaban y de cuál era el modo de comportarse. La ciudad de Versalles era su hogar y estaban dispuestos a hacer lo que fuese necesario para mantenerla inmutable. Se trataba de una gema entre la inmundicia, uno de los últimos bastiones de dignidad que le quedaban a la humanidad.

Junto a Versalles se encontraban Barcelona y El Lago; las tres alrededor del Mirador. Separadas por bosques y jardines, y con el Mar de Mayim bañándolas a todas, formaban la estación suplementaria conocida como “Los Niveles Superiores”. Más allá de ellas el anillo de El Álamo servía de barrera con el resto de Ciudad Balcón. Aislaba y protegía su riqueza, manteniendo a las masas alejadas. Allí no vivía cualquiera, allí no entraba cualquiera, y así debía seguir siendo.

Los gemelos Devin y Lennox vestían discretas ropas negras mientras caminaban al encuentro de Alice. Ella había insistido en encontrarse con ellos antes de reunirse con el señor Saunders en el Mirador. No les extrañaba, siempre lo hacía. La habían conocido hacía ya varios años y aún no terminaban de entenderla. Ella sabía que adoraban verla, pero no allí. Sabía que les fascinaba, pero no allí. Sabía que no podían vivir sin ella, pero no allí. Ella despreciaba las reglas. Despreciaba todo aquello que ese lugar representaba. En Los Niveles Superiores no había sitio para ella. Ellos se lo decían, y ella les ignoraba. No sabían cómo hacer que lo entendiese, no sin hacerle daño. Y ellos bajo ningún concepto podrían hacerle daño.

Los gemelos Devin y Lennox eran exactamente iguales. Altos, de hombros anchos, morenos y de facciones rectangulares. Ordenados, rectos, obedientes y leales hasta el fin. Todo lo contrario que ella. Los gemelos Devin y Lennox nunca creyeron ser capaces de enamorarse hasta que la encontraron a ella. Les costaba entender como había ocurrido, pero desde el día que se conocieron empezó a hacérseles difícil vivir sin ella. Aunque en muchas ocasiones estar a su lado no facilitaba las cosas. Alice era desorganizada e indisciplinada, irrespetuosa y soberbia, indecente y desvergonzada. Alice era fascinante. Nunca debería haber pisado su mundo, pero desde el momento en que lo hizo no pudieron olvidarla.

Pronto pudieron verla esperándolos como siempre. Fumando, como siempre. Eso les hacía hervir la sangre.

Se acercaron mientras ella continuaba absorta contemplando el cielo. Sabía que estaban ahí, ellos sabían que lo sabía, pero en ningún momento hizo un solo gesto que lo indicase.

–Apaga ese cigarro – dijeron ambos al unísono – ahora.

Ella dio una calada, sonrió y siguió mirando al horizonte.

–Sabes que no puedes hacer eso – le dijo Lennox

–No aquí – completó Devin.

Se levantó y se colocó justo ante ellos, a escasos centímetros, soplándoles el humo directamente a la cara.

– ¿No puedo? – Sonrió mientras hablaba – ¿Y quién va a impedírmelo?

Hizo una pequeña pausa mientras los miraba a los ojos.

– ¿Vosotros? No me hagáis reír chicos.

Su sonrisa pícara, mordiéndose ligeramente el labio inferior, y su voz provocativa les desconcentraba.

En ese momento dio una última calada, cogió el consumido cigarro y se dispuso a tirarlo. Los dos trataron de agarrarle el brazo e impedírselo pero cuando ambas manos se cerraron sobre su muñeca la colilla estaba ya en el suelo.

–Ups, que torpe soy – dijo ella con un exagerado falso tono inocente.

Apretaron con fuerza mientras la empujaban hacia abajo tratando de obligarla a agacharse mientras se les enrojecían los ojos.

– ¡Recógelo! – Empezó Lennox y terminó Devin – ¡Ahora!

Empujaron hasta tenerla arrodillada en el suelo. Los gemelos eran fuertes, podrían haberle roto el brazo sin esfuerzo.

–Sabéis que no lo haré – sonreía ella disimulando el dolor.

Tras unos instantes de vacilación la soltaron, Devin recogió la colilla y comenzaron a caminar en dirección al Mirador dejando a Alice arrodillada en el suelo tras ellos.

Era incorregible, siempre conseguía irritarlos. Nunca obedecía a nada ni a nadie ni daba su brazo a torcer. Y nunca conseguían que acatase ninguna norma. Sabían que podrían haberla obligado. Podrían haberle roto el brazo, a cualquier otro se lo habrían hecho; pero les dolía el simple hecho de pensarlo. A cualquier otra persona le habrían hecho comerse la colilla, pero a Alice nunca podrían hacerle algo así. Y eso ella lo sabía perfectamente.

Apenas unos instantes después la tenían junto a ellos, en medio de ellos, colgada del cuello de ambos.

–Venga chicos, no os pongáis así – dijo sonriente y feliz tras darle un beso a cada uno – sabéis que si fuese diferente no os gustaría.

Pudo intuir como ambos esbozaban una ligera sonrisa al tiempo que le rodeaban la cintura con sus brazos. Desvergonzada como siempre, su ropa permitía que al cogerla sus manos se apoyasen directamente sobre su piel. Adoraban sentir su tacto y su calor. No importaba que ocurriese, que hiciesen o cuánto tiempo estuviesen separados, ellos tres se querían y eso era lo único que al final importaba.

–Además – continuó Alice casi susurrándoles al oído – tenemos trabajo y va a ser algo grande ¿Cuánto fue la última vez que nos llamaron a los tres a la vez? Va a ser grande, muy grande.

Sigue leyendo – 2 – Nueve soldados – Walther (II)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s