Relato – Una Décima de Segundo

wach¿Cuánto dura el tiempo? Es una pregunta difícil, dudo que ninguno de ustedes pudiera decirlo. No se hagan ilusiones, no seré yo quien se lo diga porque tampoco lo se. Pero si voy a decirles otra cosa. Ahora se preguntaran: “¿Y a cuento de que entonces nos pregunta eso para decirnos otra cosa?”. Pues bien, se debe a que ambas cosas están relacionadas, y quizá a partir de lo que les voy a decir alguno llegue a poder responder a la pregunta. Yo ya no tengo tiempo para ello.

Les voy a decir cuanto dura una décima de segundo. Pero no una décima de segundo cualquiera, de eso seria muy largo y aburrido hablar. Voy a hablar de una décima de segundo concreta, la que transcurrió justo después de que aquella pequeña pieza de plomo atravesara mi cráneo.

Fue una décima de segundo bastante larga, con seguridad la más larga que recuerdo. Si no fuera por el reloj que había en la pared frente a mí pensaría que pasaron años. Lo curioso fue que durante aquella larga décima de segundo me puse a pensar en cosas en las que hacia mucho que no reparaba.

Recordé de pronto toda mi vida. Me acorde de casi toda la gente a la que conocía, de aquellas maravillosas tardes de juventud. Me acorde de una chica, mi primera novia. De atardeceres en la playa, veladas a la luz de la luna. Recordé lo feliz que me sentía en mis grandes momentos, ascensos, fiestas. Me acorde de todos aquellos que estuvieron siempre a mi lado y me sentí feliz, mas de lo que mi estado físico podría dar a entender. Mi vida había sido plena.

Pero, por desgracia, tras todo eso aquella décima de segundo se resistió a terminar. Se alargó lo inimaginable y comencé a ver el resto.

Allí estaba mi primer robo, el primer asesinato. La gente que me necesitaba y a quien deje atrás. Las primeras mentiras. Los primeros sobornos, el primer juicio comprado. La suplantación de los ideales por el dinero. Los que se fueron por miedo, los que solo se quedaron por la misma razón. Los sueños abandonados. El sentimiento de culpa, el aceptarlo a cambio del lujo. Las torturas, los maltratos, las infidelidades. Todo aparecía de pronto sin auto justificaciones, sin ningún tipo de maquillaje. Como un duro golpe en el estomago.

Se preguntarán seguro porque cuento todo esto, pero es imprescindible para que entiendan la respuesta. Porque la respuesta no es un dato, no es un número que se pueda calcular y apuntar en una hoja. Esa décima de segundo fue lo bastante larga para hacer desdichada mi muerte. Ahora que sabéis esto, ¿Cuánto creéis que durara la vuestra?

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