Carta Estelar – 2 – Nueve Soldados – Walther (II)

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2.5 – Walther (II)

carta_estelar_miniHabía hablado con Maya unos cincuenta minutos antes. Debía estar al llegar, siempre llegaba pronto. Apuró la copa y entregó el vaso al camarero. A Maya no le gustaba que bebiese en horas de trabajo, no entendía por qué lo hacía. Nunca se lo había dicho de manera explícita, ni tenía autoridad para impedírselo, pero su mirada de reproche era siempre incomoda. Estaba seguro de que hoy se encontraría de un humor de perros y no quería contribuir a descentrarla más, iba a necesitarla lucida durante las próximas horas. Walther acostumbraba a tomarse un whisky antes de las reuniones, le ayudaba a pensar, y más en días como aquel en que llevaba toda la noche despierto. Aquella copa en concreto, un Beidou NE de cinco años, le había sabido a gloria. Hasta ese día no lo conocía, apuntó el nombre para futuras ocasiones, aunque tampoco era algo que fuese a encontrar en cualquier sitio.

Tras un pequeño descanso mientras disfrutaba del regusto de aquel manjar volvió a darle vueltas al trabajo que tenían entre manos. No sabía lo que Robert iba a decirles, pero parecía ser algo importante. No acostumbraban a anular permisos a todos sus agentes por nimiedades, y mucho menos a reunirles a ellos cinco por nimiedades. Pero si lo que se veía en los videos de seguridad era lo que había oído, aquello estaba muy lejos de ser una nimiedad. El sonido de unos tacones acercándose le cortó la linea de pensamiento. Giró la cabeza para ver como una chica esbelta, de unos treinta años, cabello castaño liso y malhumorada al extremo caminaba hacia él.

–Vaya, estás muy… – comenzó Walth, ella de inmediato le interrumpió.

– ¡No me vengas con esas, Walther! – exclamó – Quiero que me digas ahora mismo por qué demonios me he levantado en medio de la noche, he dejado a Roger solo después de que solo hayan pasado… – se detuvo un momento para pensar– treinta y cuatro horas desde que volví a la estación y por qué le he contado que hay un incidente diplomático, que requiere mi intervención, entre la Madencilik y la administración de Ariel. Cosa que espero que aparezca pronto en los noticiarios – puntualizó – o Roger va a empezar a pensar que le estoy engañando… – al escucharse se detuvo, bajo la cabeza y suspiró – mierda, ya sabes a lo que me refiero.

Walther esperó unos segundos a que Maya se tranquilizara, le daba la sensación de que iba a echarse a llorar en cualquier momento.

–No te preocupes ¿Ariel dijiste? No está mal, alejado y pequeño. Mañana a la hora de comer estará en antena – hablaba con suavidad– Cuando esto acabe hablaré con Robert para que te dejen fuera de las listas una temporada ¿De acuerdo? Pero ahora te necesito centrada.

–De acuerdo, de acuerdo – le miró a los ojos – pero ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Walther respiró hondo, se giró en la butaca, se acercó a ella y empezó a hablar en voz baja.

Dos días antes una chica, delgada, con la cabeza rapada, descalza, desarmada y apenas vestida, había acabado con una patrulla completa de la compañía Jade en uno de los pasillos de mantenimiento de Pantry. Según tenía entendido los había atacado por sorpresa mientras ellos hacían una batida y había acabado con ellos con sus propias manos, para conocer los detalles tendrían que esperar a tener en sus manos las grabaciones de seguridad, que en esos momentos Robert guardaba bajo llave. No se había encontrado sangre de aquella chica, tenían huellas dactilares pero no encajaban con ningún registro, y su rostro no aparecía en los videos. No había más rastro de ella en las grabaciones de ningún nivel.

–Nueve soldados armados y bien protegidos, y ni siquiera se hizo un corte en un dedo – continuó hablando con tono serio – No hubo ningún superviviente.

¿Nueve soldados? ¿Desarmada? ¿En un pasillo? – Maya no terminaba de creérselo – Pero… tuvo que tener ayuda o…

–O nada – le cortó – totalmente sola. Pero tengo la sensación de que Robert podrá aclararnos más cosas.

–Robert Saunders…. – pronunció su nombre con desprecio – malnacido. Siempre estamos limpiando su basura.

–Es nuestro trabajo – dijo con indiferencia

–Ya sé que es nuestro puto trabajo – se quejó ella – ¡Camarero! Una copa del tinto de Asnen más fuerte que tenga.

–Creía que no bebías en el trabajo – comentó Walther.

–Pues ahora si – corrigió tajante – ¿Algún problema?

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