Relato – Un Personaje de Ficción

Un Personaje de Ficción

ed92d1d78d39ace6855542cc6327efbe-650-80Las mujeres siempre habían sido el punto débil de  Zach. Por ellas había llegado a hacer algunas de las mayores estupideces que el mundo era capaz de recordar, y por una de ellas se encontraba ahora mismo en una incómoda situación. Zachary Garber siempre se había considerado a sí mismo un tipo inteligente. La clase de persona capaz de analizar una situación, juzgar sus ventajas e inconvenientes y tomar una decisión razonable. Pero algo le decía que en aquel momento todo eso había fallado. No estaba seguro de si era el fuerte viento que le movía el pelo y por momentos le dificultaba mantener los ojos abiertos, la abombada y oxidad lámina de chapa sobre la que trataba de no perder el equilibrio o los gritos de aquella chica que le pedía ayuda mientras realizaba titánicos esfuerzos para no caer por uno de los laterales, pero se hacía evidente que las cosas no iban del todo bien. Tener que salvar a una dama de morir cayéndose del techo de un tren en marcha no era lo que tenía en mente al empezar ese viaje. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? Era algo complicado de explicar. En aquel momento ni siquiera era capaz de entenderlo del todo. No obstante tenía una razón para seguid adelante.

Esa razón tenía nombre, y se trataba ni más ni menos de la chica que en aquellos momentos luchaba con sus escasas fuerzas por no perder el precario asidero que, por poco tiempo, le evitaba una dolorosa muerte. Evelyn Johnson, una agradable chica a la que había conocido apenas 14 horas antes en un teatro de New Orleans durante su habitual visita a los camerinos, había conseguido arrebatarle el corazón en un abrir y cerrar de ojos. Si alguna vez en la historia existía un caso de amor verdadero a primera vista tenía que ser por fuerza este. Tenía que serlo porque de lo contrario Zach no tendría valor para hacer lo que estaba haciendo.

Tratando de mirar solo hacia el techo que pisaba y evitando con todas sus fuerzas levantar la vista hacia el paisaje que pasaba a toda velocidad a su lado consiguió llegar a su lado y tenderle la mano. En aquel momento no pudo evitar quedarse un instante embobado cuando su mirada se cruzó con la de ella, un instante en el que de pronto se dio cuenta de que estaba mirando al vacío. Un escalofrió recorrió su cuerpo, asomó la cabeza intentando ver que es lo que había ocurrido y de pronto oyó de nuevo su voz. Le pedía ayuda, desde una posición idéntica en el siguiente vagón. Tuvo que frotarse los ojos para asegurarse de que no se trataba de un espejismo.

Era cierto, ella estaba allí. No entendía como había podido verla en el mismo vagón en que estaba, la había tenido justo ante sus ojos… pero ahora no importaba. Lo importante era llegar hasta ella. Se puso en pie despacio y empezó a avanzar hacia ella, pero apenas tuvo tiempo de dar un paso. Un disparo a su espalda hizo que por acto reflejo se tirase contra el techo de metal antes de levantar la cabeza y mirar hacia atrás. Dos tipos se acercaban desde varios vagones más atrás, ambos empuñando sendos revólveres. Cada vez entendía menos lo que estaba pasando. ¿Quién demonios eran aquellos hombres? ¿Qué hacían allí? Y más importante. ¿Por qué le disparaban?

Entonces se le vino a la cabeza un broche que había robado para regalárselo a ella… Y aquello le inquietó aun más. ¿Cómo podía recordar algo que no había hecho? Rebusco a toda prisa en sus bolsillos encontrando para su sorpresa un pequeño broche de plata en un lateral de su chaqueta y algo aun más extraño. Una pistola en el bolsillo interior. Debía estar volviéndose loco ¿Una pistola? Nunca había empuñado una, no tenía ni idea de qué hacer con una, y por supuesto nunca había llevado una. Lo que le estaba ocurriendo carecía por completo de sentido.

Justo en el momento en que ese pensamiento cruzó su cabeza la pistola desapareció de sus manos, los tipos armados desaparecieron y su amada volvió a estar a su lado. Aun colgada del lateral del vagón, pero a su lado. Suspiró un segundo y cuando creía que por fin podría solucionar aquella situación se dio cuenta de que de nuevo se equivocaba. Poco a poco, mientras ayudaba a Evelyn a subir todo empezó a temblar. Le dio la sensación de que hasta la propia luz del sol oscilaba. Ya la tenía entre sus brazos cuando un tremendo terremoto empezó a sacudir las vías, al tren y a ellos.

Por todas partes el suelo parecía arrugarse y levantarse formando unos amorfos muros de una extraña roca que cubrían todas las direcciones. Al principio estaban lejos, pero pronto se acercaron, en unos instantes harían descarrilar el tren. Abrazó con fuerza a su amada esperando a la inevitable muerte, pero lo que ocurrió fue algo que incluso a día de hoy cuando Zach cuenta la historia asegura que no sabe si fue real o una alucinación.

Cuando quedaban pocos metros para que el tren se aplastase contra la roca todo se detuvo. El tren, el aire, todo se quedó estático mientras el avance de los muros se frenaba. De cerca esa roca tenía un aspecto aun más extraño, nunca había visto ninguna tan lisa. Se había formado una bóveda a su alrededor, lo extraño es que dentro de ella parecía estar el sol; parecía estar todo el mundo.

Notó una sacudida, parecía como si algo hubiese golpeado a la bóveda entera moviéndola y mientras buscaba un asidero vio como en una de las paredes parecía abrirse una brecha. Lo que vio a través de ella cambió por completo la percepción que tenia de su mundo. La bóveda cayó durante un instante que parecieron años en lo que parecía una agrupación de bóvedas similares. Todas del mismo color y tamaño aproximado, distribuidas de manera aleatoria frente a una gigantesca construcción sobre la que un hombre de dimensiones gargantuescas se apoyaba y parecía escribir. Pudo reconocer el lugar, era un compartimento de primera clase de ese mismo tren.

Se acerco a la brecha para poder observar con detenimiento lo que estaba viendo. En aquel momento la curiosidad parecía estar consiguiendo posponer el ataque de pánico que se sentía tentado a sufrir. Asomó la cabeza y de pronto vio volar una inmensa bola de papel que golpeó de lleno su bóveda haciendo que todo temblase de nuevo.

Antes de que pudiese asimilar lo que estaba viendo Zach se encontró llegando junto a su amada, que se debatía entre la vida y una dolorosa muerte al caerse de un tren en marcha, y tendiéndole la mano. En aquel momento no pudo evitar quedarse un instante embobado cuando su mirada se cruzó con la de ella, un instante en el que de pronto se dio cuenta de que era un personaje de ficción.

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