Carta Estelar – 3 – Levando Anclas – Nereida

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3.1 – Nereida

carta_estelar_miniHacía un buen rato que había perdido la noción del tiempo. Cuando la Tierra empezó a desaparecer del ventanal de la habitación reparó al fin en que estaba despierta. Nereida se encontraba tumbada de lado en la cama con solo una fina sabana cubriéndola hasta la cintura. Notaba en la nuca la fuerte respiración de Ángelo, y el brazo izquierdo de este rodeándola, con la mano descansando sobre su pecho. Los últimos efectos del narcótico desaparecían por momentos dejando tras de sí una ligera amnesia y una fuerte jaqueca. Como cada vez que se había visto en esa misma situación había tratado de recordar lo que había pasado, pero como cada vez al ver las marcas en sus muñecas y sentir dolor en casi cada musculo de su cuerpo se alegraba de no haber podido hacerlo.

En esos momentos trataba de no llorar, pero nunca era fácil. Detestaba en lo que se había convertido con cada decisión errónea que había tomado. Todo lo que había hecho en la vida la había conducido a no tener nada, ni siquiera una sola persona a quien en realidad le importase. A ni siquiera tener valor para acabar con todo de una vez.

Mientras trataba de contener las lágrimas su vista se cruzó con un pequeño reloj. Pronto empezaría de nuevo la actividad de la estación y Ángelo se despertaría. Entonces follarían de nuevo, era lo que siempre pasaba, quisiese ella lo que quisiese. Él nunca dejaba que se fuese sin más, nunca daba por pagada su deuda. La perspectiva le asqueaba. A decir verdad de aquella situación le asqueaba todo. Le asqueaba haber sentido el sabor de su semen, le asqueaba que se hubiese corrido dentro de ella, le asqueaba que ahora mismo sus pieles estuviesen en contacto. Le asqueaba que le hiciese cualquier cosa estando consciente. Pero eso no era nada comparado con el asco que sentía hacia sí misma por dejar que lo hiciese.

No sabía con exactitud como había empezado aquello, pero desde el primer día nunca había encontrado el valor para enfrentarse a él. Nunca había encontrado fuerzas para escapar. Le gustaba pensar que en el pasado había sido diferente, que durante un tiempo se había divertido; trataba con todas sus fuerzas de convencerse de ello. Pero se engañaba a sí misma y lo sabía. Nunca había sido diferente y mucho menos mejor. Echando la vista atrás no conseguía recordar el sexo más que como algo asqueroso y doloroso. En ocasiones llegaba a dudar de que se tratase solo de cómo la habían tratado todos. Justo en el momento que una lágrima brotaba de su ojo y terminaba de extender una mancha con los últimos restos de su maquillaje, se dio cuenta de que una pequeña luz parpadeaba en el terminal de muñeca que descansaba junto a la cama. Alguien la estaba llamando.

Alargó el brazo y se lo colocó con cuidado, ajustando cada conexión a las pequeñas terminaciones apenas visibles que sobresalían en la cara interior de su muñeca izquierda. Unos segundos después daba paso al sonido de la comunicación y una voz aguda de hombre comenzaba a hablar en su cabeza. Lo último que quería en ese momento era que Ángelo se despertase al oírla.

– ¡Señorita Stark! Al fin conseguimos localizarla, llevamos todo el día tratando de contactar con usted… oh, espere… Acabo de darme cuenta de la hora que es allí… espero no haberla molestado, nunca me acuerdo de que en Ceres no seguimos el mismo horario que….

Nereida escuchaba extrañada, lo último que esperaba era una llamada desde Ceres de alguien que supiese quien era.

–Pero vayamos al grano – continuó hablando la voz – siempre que me pongo a hablar olvido lo que quería tratar, es extraño porque para otras cosas sí que tengo buena memoria… Permítame que me presente, me llamo Rupert Hawks, de “Hawks y Asociados” y tenemos un paquete para usted.

En aquel momento perdió todo el interés por la llamada. Debía tratarse de algún gracioso que había visto su ficha personal en algún lado. En ese momento no estaba de humor para aguantar aquello.

–Perdone, pero si quiere reírse de alguien búsquese a otra persona, yo ya he tenido bastante por hoy – dijo, sin mover los labios, mientras su voz sonaba sin emoción alguna.

Acerco la mano derecha para cortar la comunicación cuando la voz se apresuró a volver a hablar.

– ¡Espere, espere! Creo que me ha malinterpretado, esto no es ninguna broma. Tenemos un encargo para usted a petición del señor Phil Stark con fecha de hace… –hizo una pausa– exactamente diez años, para entregar hoy. Aunque según la hoja de pedido usted debería haberse encontrado aquí para recogerlo hace horas.

Al oír esto detuvo su dedo. ¿Un encargo de su padre? Aquello no podía ser cierto.

– ¿Qué es exactamente ese paquete? – preguntó intrigada, aun sin creer una sola palabra de lo que oía.

–No podemos decírselo, el contrato dice que usted debe presentarse en persona a recogerlo y que hasta ese momento no podemos revelar nada de su contenido… ¡espere! – Hizo una nueva pausa – Casi se me olvida, le mando una copia de la autentificación de la reserva.

Entonces en la pantalla empezaron a aparecer multitud de letras y números. El software de su terminal al instante autentificó el documento. Empezaban a ser demasiadas molestias solo para reírse de ella, nadie habría preparado algo tan complicado. A nadie le importaba tanto.

–Bueno señorita – continuó la voz interrumpiendo sus pensamientos – necesitamos que nos confirme si vendrá a recogerlo a lo largo de las próximas ocho semanas, en otro caso tendremos que ponerlo a la venta… y la verdad es que sería una autentica lastima… ¡Espero su llamada!

La comunicación se cortó y Nereida se quedó un instante tumbada en la cama mirando a través del cristal, al vacío, con la mente en blanco. ¡Un paquete de su padre! ¡Encargado hace diez años! Tendría que ir hasta Ceres pero… ¿Pero por qué no? No tenía nada que la atase aquí… ni a nadie. Comprobó su cuenta. Tenía dinero para pagar un viaje de ida hacia Ceres, el dinero que Ángelo le había ingresado horas antes. Recordarlo hizo que se le revolviera el estómago. Buscó los horarios de los transportes hacia Ceres, su terminal había actualizado la información de salidas mientras estaba en el bar. En poco más de una hora saldría de Navin Tikva un carguero mixto hacia las colonias exteriores, con una escala en Ceres. Si se daba prisa aun podía llegar a tiempo.

Se levantó con cuidado de la cama y recogió su ropa. Aquella noticia la había despertado por completo. Sin hacer el más mínimo ruido se metió en el baño y tras mirarse en el espejo se echó algo de agua en la cara. Parecía un cadáver, el cadáver de una puta, pero en ese momento no tenía tiempo de arreglarlo. Se puso la poca ropa que había llevado durante todo el día y abandonó la habitación.

Cuando Ángelo se despertó ella ya se encontraba lejos de allí. Con un gesto de indiferencia se dio la vuelta y volvió a dormir. Ya volverá… y si no que le den – pensó antes de hundir de nuevo la cabeza en la almohada.

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