Relato – La Última Noche

Relatos

moonSintió el frió del agua corriendo por sus branquias. Abrió los ojos, apenas vio nada durante unos segundos, los que tardaron en acostumbrarse de nuevo a la tenue luz que reinaba. Intentó tomar impulso pero sus entumecidos músculos no respondieron.

A su alrededor vio los casquetes de hielo, los mismos que había visto antes del letargo, ahora más pequeños. Decidió tomárselo con calma, volvía a ser libre, unas horas mas no significarían nada.

La temperatura de la noche era perfecta. La luna llena brillaba haciendo fácil la visibilidad y el agua estaba quieta, como un plato. Se quedo unos instantes parada, mirando al mar. Sintiendo la brisa en su rostro y pensando en todo lo que perdería cuando volviera al continente. Allí en el ocaso de sus vacaciones se sintió por primera vez parte de la isla. Sintió que ese lugar tenía algo, algo que no quería perder.

Se levantó, se acercó a la orilla y empezó a pasear mientras las idas y venidas del agua bañaban sus pies. Apenas camino un par de minutos, cuando se paró y volvió de nuevo su mirada hacia el mar. La brisa ahora soplaba algo más fuerte. Se soltó el pelo y dejó que ondeara al viento.

El viaje hasta aguas cálidas había sido largo y duro, el mar había cambiado mucho en su ausencia. Las torpes presas de antaño habían sido sustituidas por ágiles criaturas cuya caza requería un gran esfuerzo y cuya carne no generaba suficiente sustento. Las aguas se habían enfriado y se habían creado gigantescos parajes desiertos, de no ser por algún banco de peces demasiado rápido para cazar o ballenas demasiado grandes para atacar.

Se encontraba a punto de perecer cuando al fin alcanzó latitudes más altas y la antigua diversidad comenzó a reaparecer y empezó a encontrar más zonas de aguas poco profundas. Volvía a vivir de nuevo.

Mientras el viento acariciaba su cuerpo y el mar bañaba sus pies comenzó a replantearse la idea de irse de la isla. Si bien es cierto que su vida se encontraba en el continente, estas semanas en la isla habían sido mejores que todo el año anterior de su vida.

Se puso en cuclillas y acto seguido se sentó, la camisa se llenó de agua, pero en ese momento no le importaba. Comenzó a desabrochársela mientras tras ella comenzaban a apagarse las luces en el pequeño pueblo costero.

Se encontraba en plena jornada de caza, estaba siendo una noche frustrante. Tras varios días obteniendo presas fáciles parecía que al final el mar empezaba a acostumbrarse a su presencia y lo que aun era peor, a evitarla. Intentando encontrar algo que llevarse a la boca se había acercado más de lo normal a la costa y se encontraba inquieto.

Nunca había estado tan cerca, nunca lo había necesitado. No sabía que podía encontrar, y justo en el límite con la tierra había sentido algo….

Terminó de desabrocharse la camisa y se la quitó. Dejó que se la llevara la corriente, algo le decía que no volvería a usarla. Allí siguió mirando al horizonte y contemplando como la camisa era arrastrada lejos de ella hasta que la perdió de vista.

Esta vez estaba seguro, algo se acercaba desde la orilla. No sabía de que se trataba, no sabía si sería peligroso, solo sabía que se acercaba. Intentó verlo pero aun se encontraba demasiado lejos y le asustaba acercarse.

Espero un largo rato hasta que al fin se encontró cerca de su campo de visión, algo flotaba en el agua y se movía arrastrado por la corriente. Se acercó con precaución describiendo círculos a su alrededor hasta que lo tuvo a su alcance, intentó darle un zarpazo y al ver que no presentaba oposición tiro de aquello hacia el fondo y comenzó a engullirlo.

Las últimas luces del pueblo se habían apagado. Ya solo estaban ella, la luna y el mar. Pocas veces en su vida se había sentido parte de algo y decidió que no quería perderlo. Al día siguiente tendría una jornada agotadora cancelando viajes y dando excusas. Se daría un baño y se iría a dormir.

La degustación de aquella pieza no había sido muy placentera, le había recordado a algún tipo de planta, aunque no estaba seguro a cual. Aquello no era alimento para él.

Frustrado tras la que consideraba su última oportunidad de la noche decidió retirarse a descansar.

Se puso en pie y comenzó a caminar adentrándose despacio en el mar. Le encantaba bañarse a esas horas, a solas ella y el océano. Siguió caminando hasta que el agua le alcanzaba el pecho y entonces empezó a nadar.

Apenas había decidido desistir cuando de nuevo sintió un chapoteo en la orilla, esta vez parecía algo de mayor tamaño. Se detuvo a intentar observarlo. Pese a no tener una visión del todo clara del objetivo si se dio cuenta de que sus movimientos eran bastante torpes, la noche volvía a ser esperanzadora.

Poco a poco se fue acercando intentando mover el agua a su alrededor lo menos posible y cuando tuvo una buena posición para observar se detuvo y espero. Pronto vio como la criatura separaba sus pies del suelo y comenzaba a nadar de forma aun más torpe que su anterior avance.

Estaba disfrutando de la noche. Allí era feliz y el agua estaba exquisita: quieta y a la temperatura perfecta. Todo era perfecto y de pronto todo se torció. Algo comenzó a inquietarla. No sabía que era pero ocurría algo, algo estaba mal… no estaba sola.

De pronto notó algo. La presa estaba inquieta, había advertido su presencia. Era un tipo de criatura nueva para él, no sabía cómo reaccionaría por lo que permaneció quieto a la espera.

Su inquietud aumento. Sabía que había algo bajo el agua, algo que la vigilaba. Algo que estaba cerca de ella. Comenzó a ponerse nerviosa y nadó hacia la orilla.

La presa se alejaba, volvía a la orilla. Entonces lo comprendió, estaba fuera de su medio, estaba indefensa. Él era el cazador.

Nadó todo lo rápido que pudo. Sintió un movimiento a su espalda, un roce en la pierna, parecía lija y algo pasó bajo ella. Se detuvo, ahora estaba delante…

Tomó impulso y pasó bajo la criatura para situarse delante de ella. Un roce con su piel y una pequeña y débil nube de color rojo comenzó a brotar.

Notó que le dolía la pierna, está sangrando. No sabía qué era lo que había pasado bajo ella, lo que la había rozado, lo que estaba delante. Pero sabía que aquella sería su última noche en la isla. Intentó gritar, pero estaba demasiado lejos del pueblo, nadie la oiría.

Comenzó a acercarse despacio, la tenia acorralad. Allí en el agua él era el cazador y estaba hambriento.

Notó algo moverse en el agua hacia ella. Gritó más fuerte, vio algunas luces en el puerto, continuó gritando mientras intentaba alejarse de su perseguidor. Distinguió unas siluetas subirse a un pequeño barco, pero ya era demasiado tarde…

Tomó impulso y se lanzó contra su presa. La agarró, hundió sus garras en su carne y tiró hacia el fondo.

Sintió que algo la agarraba y acto seguido un fuerte dolor en las piernas. Después algo tiró de ella hacia abajo.

Aallí quedaron cara a cara, presa y cazador. Supo que ya no quedaba ninguna posibilidad. Iba a morir.

Allí en el fondo se fijó en su presa. Era parecida a él aunque mucho más débil. En medio de la nube de sangre se dispuso a comer. Mordió el abdomen de su víctima e intentó arrancar un trozo de carne.

A lo lejos escuchaba ruidos, le eran familiares, los escuchaba todos los días. Pero estaban demasiado lejos para molestarle, el festín había comenzado.

Sintió como sus dientes se hundían en su vientre. El dolor la obligaba a gritar tragando agua. Pataleó, trató de empujar a aquella criatura pero no encontró fuerzas para molestarla. Intentó nadar hacia arriba pero era mucho más fuerte que ella.

Intentó continuar luchando pero la vida la abandonaba. La vista comenzó a nublársele, la voluntad a desaparecer. Quedó a su merced.

Entonces algo le devolvió a la consciencia. Sintió un fuerte pinchazo en un hombro y vió como multitud de surcos se formaban en el agua a su alrededor.

Su presa de pronto se movió con violencia y la soltó. Aquellos ruidos seguían estando demasiado lejos pero entonces vio los surcos y de pronto algo le alcanzó, le rozó la cabeza. Nunca había sentido algo así, no veía quien le atacaba. Aquello era nuevo para él se sintió vulnerable, asustado. Otra de aquellas líneas que se marcaban en el agua le atravesó una mano arrancándole dos de sus garras.

Presa del pánico abandonó a su presa y huyó mar adentro.

Sintió como la soltaba y se alejaba, y entonces comprendió lo que pasaba. Los disparos cesaron y notó como alguien se lanzaba al agua junto a ella, agarrándola y devolviéndola a la superficie.

Poco tiempo después se encontraba durmiendo en una cama caliente lejos del agua. Ahora si lo tenía claro, cogería ese avión.

***

Escribí este relato hace años, durante mi adolescencia. Fue mi primer intento de una historia de terror. Yo le tengo cariño, aunque es probable que no sea muy bueno. Está muy inspirado por el libro Tiburón Blanco, de Peter Benchley (autor de Tiburón).

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