Carta Estelar – 3 – Levando Anclas – Sharp

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3.2 – Sharp

carta_estelar_miniNo muy lejos de allí descansaba la Aditi, preparada para despegar.  El Capitán Duke e Ida bajaban por la trampilla abandonándola mientras tras ellos se mantenía en pie Sharp, esperando para cerrar la nave. Hizo un gesto de despedida y accionó el interruptor sobre el que su mano llevaba unos segundos ya apoyada. Esperó a que la compuerta terminase de cerrarse y se dirigió a la cabina. Allí, recostado en el sillón del copiloto y con los pies sobre el lateral del tablero de control se encontraba Goodey fumando un pequeño cigarro.

–Un día vas a atascar el sistema de regeneración del aire con la ceniza de esa mierda – le recriminó mientras se sentaba.

–No te preocupes hombre – respondió entre una calada y otra – el sistema es muy bueno, no ocurrirá nada.

Dio otra calada antes de seguir hablando, mientras Finley realizaba los últimos diagnósticos al sistema. De haber estado en una nave comercial los agentes de seguridad le habrían echado a patadas.

–Además, aunque eso ocurriese no iba a ser ningún problema, salvo que estuviésemos a más de… cinco o seis horas de algún sitio.

–Siempre estamos a más de cinco o seis horas de algún sitio – respondió Sharp – somos contrabandistas ¿Recuerdas?

–No es culpa mía que siempre evitéis las rutas más cortas por miedo a alguna patrulla. Además, siempre queda la opción de recurrir a un salto.

Sharp dejo escapar una casi inaudible risa. Goodey llevaba meses tratando de convencer al capitán de cambiar los planes de ruta, pero Ida actuaba de escudo entre ambos de forma bastante eficiente. El ingeniero sostenía que acortando los viajes, acercándose a las rutas normales, ganarían más al poder hacer más trabajo y gastarían menos combustible. También que de manera no relacionada podrían visitar más lugares bonitos y conocer más chicas al no alejarse de las rutas de pasajeros. En su opinión, el riesgo quedaba más que cubierto con el hecho de visitar lugares bonitos y conocer chicas. Aún no había conseguido convencer al capitán, pero estaba seguro de que tarde o temprano lo haría.

– ¿Te acordaste de echarle un ojo a Zero? – le preguntó el piloto tratando de llevar la conversación por otros derroteros

–Pues si – respondió con indiferencia

– ¿Qué le ocurría? Tom estaba completamente histérico.

–Lo que ocurre es que necesita otro piloto, nada más – se encogió de hombros

–No podemos prescindir de Tom – continuó Sharp – necesitamos sus contactos.

–Deberíamos robarle la agenda y tirarle a él al espacio, ese pequeño caza lo agradecería.

Sharp volvió a reírse. Esa era una idea que se le había pasado por la cabeza a todos alguna vez.

–La verdad es que el sistema entero lo agradecería – continuó Goodey – ¿Por qué no lo hemos hecho aún?

En ese momento, en uno de los cuadros que se proyectaban sobre el panel de instrumentos, apareció un pequeño diagrama luminoso de la nave dividido en varios sectores. Todos oscilaban entre un fuerte amarillo y un oscuro naranja. Al verlo Sharp esbozó una mueca de preocupación. Sabía en qué estado se encontraba la nave, pero eso no mejoraba la situación.

–Tranquilo, aguantará. Es una buena nave. – Dijo John con tranquilidad  – pero no le vendrían mal unas vacaciones.

–Quizá tras este golpe podamos tomarnos un descanso, hay mucho dinero en juego. ¿Tenemos los códigos de despegue?

–Frescos y validados – extendió el brazo y le entregó una pequeña tarjeta de memoria azul celeste, apenas del tamaño de la yema de un dedo.

Sharp colocó la tarjeta en una ranura junto al módulo de comunicaciones y esperó a obtener una señal. A los pocos segundos un mensaje le indicaba la ruta de salida.

–Códigos de despegue comprobados y archivados – entonó la suave voz de la Aditi – Todos los sistemas preparados.

Se acomodó en la silla y se abrochó los amarres de seguridad. Tras estirar un segundo los dedos de las manos las colocó sobre el panel virtual que se proyectaba sobre el tablero de instrumentos.

–Bien preciosa, avisa al resto de pasajeros… Despegamos.

Muy despacio la nave se despegó unos centímetros del suelo mientras se retraía el tren de aterrizaje. Empezó a avanzar despacio a través del hangar siguiendo el camino marcado por un oscuro raíl en el techo. La maniobra no duró demasiado, se  habían colocado en un módulo cercano a las compuertas exteriores,  y en apenas unos minutos estaban junto a la compuerta de salida. Allí se detuvieron hasta que esta se abrió de forma automática y les dejó camino libre hacia el exterior de la estación.

Una vez fuera Sharp soltó los mandos.

–Bien Adi, te dejo los controles

A partir de ahora la inteligencia artificial de la nave la dirigiría a través de la ruta que el control de vuelo les había asignado. Nunca le había gustado volar así, pero eran las reglas y en aquel lugar lo entendía. Miles de naves entraban y salían en el mismo momento, como un enjambre de abejas volando en las inmediaciones de un panal, manteniéndose a escasos metros una de otras. A cualquier hora, cualquier día. El tráfico de entrada y salida nunca cesaba. Innumerables trozos de metal surcando las inmediaciones de esa monstruosa maraña de paneles, vigas y antenas en perfecta sincronía. Intentar atravesar aquella zona con el control manual era un suicidio hasta para el más experimentado de los pilotos.

Tras alrededor de un cuarto de hora se encontraban en el espacio libre y pudo retomar el mando de su nave.

–Perfecto Adi – elogió con cariño Sharp – A partir de aquí vuelvo a tener el control.

A su lado Goodey sonreía.

– ¿Sabes? Creo que necesitas una chica, una de carne y hueso. Si me ayudases a convencer al capitán…

Antes de que se diese cuenta, Sharp se encontraba aguantando por enésima vez las reclamaciones sobre las rutas del ingeniero de la nave. Algún día el capitán cedería solo para que se callase.

En aquel momento solo les quedaba esperar a que el dispositivo de localización que Alan llevaba se activase, y les indicase la posición del carguero. A esas horas el capitán e Ida deberían estar ya a punto de subir a bordo.

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