Carta Estelar – 3 – Levando Anclas – Alice

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3.4 – Alice

carta_estelar_miniTras ella, Walther y Maya discutían mientras señalaban y seleccionaban sectores en una carta estelar tridimensional proyectada a su alrededor, y los gemelos comprobaban el armamento mientras hablaban el uno con el otro. Pero en ese momento Alice apenas reconocía alguna palabra de las conversaciones que llegaban a sus oídos. Se encontraba de espaldas a todos ellos, con los ojos abiertos como latos, contemplando una y otra vez el video de seguridad. Asombrada ante lo que estaba viendo trataba de apreciar todos los detalles, frenaba la imagen, se movía a través de la representación tridimensional hecha por las diferentes cámaras, se acercaba para comprobar que lo que su mente le decía que veía había ocurrido en realidad. En la imagen proyectada, que ocupaba casi una pared, se veía como una jovencita delgada de mediana estatura, despachaba sin problemas a una patrulla entera con sus propias manos sin sufrir ni un rasguño. Pasaba entre ellos con la agilidad de un felino moviéndose entre jarrones sin preocuparse del fuego de las armas. Allí había demasiada información para asimilarla en tan poco tiempo. Nunca había visto algo así.

En el momento en que Robert les había explicado su misión no había podido sino sentirse decepcionada. Aquello no había sido lo que ella esperaba. Encontrar a una civil era tarea de la policía, no suya. Pero al ver el vídeo de seguridad todo había cambiado. Esa chica a la que ahora contemplaba no era una persona normal. Puede que el resto no lo hubiesen visto pero ella lo tenía claro. No importaba cuantos años de entrenamiento se tuviesen, nadie se movía de esa manera.

Continuó viéndolo una y otra vez, deteniéndose casi a cada segundo, mientras a su espalda se decidía cuáles serían los pasos a seguir en la operación. Ella nunca participaba en la planificación, no era algo que le interesase. Un tedioso trabajo en el que Walther y Maya eran expertos. Si se podía encontrar a esa chica, ellos la encontrarían. Entonces es cuando empezaría su trabajo, y debía conocer bien a su adversaria. Pasó de nuevo el vídeo, deteniéndose a tomar nota de todos sus gestos. Por momentos parecía ver en todas direcciones. Se anticipaba a movimientos que no podía ver, golpeaba a los soldados sin siquiera mirarlos. Nadie podía hacer eso ni aun con toda una colección de implantes militares, no sin armas. Estaba claro que no era una persona normal.

Se recostó en la butaca pensativa. Hacía mucho que no se le presentaba un reto a su altura, hacía mucho que esperaba ese momento. No podía evitar tratar de imaginarse su encuentro, a decir verdad tenía ganas de que ocurriese. Tendría que estudiar aun a fondo a esa chica, Violeta, si quería salir viva de él.

Aurora – susurró dirigiéndose al interfaz de la nave – guarda el video en mi colección personal y carga una copia en mi terminal.

Quería tener acceso al vídeo desde su camarote. Allí en la sala de operaciones las voces de sus compañeros la desconcentraban.

Transferencia completada – le respondió la metálica voz de la Aurora.

Llevaba viajando en la misma nave varios años, la conocía como la palma de su mano, y había acabado apreciando la sintética voz que utilizaba para comunicarse con la tripulación. Durante mucho tiempo le había desagradado, pero ahora no podría aceptar que le cambiaran la voz a su nave.

La Aurora era una goleta ligera de transporte registrada a nombre de la compañía Jade, pero ese solo era su estatus oficial. Su interior estaba plagado de la más avanzada tecnología en rastreo e intervención de comunicaciones, y su núcleo motriz la hacía capaz de escabullirse de cualquier patrullera que se encontrase en su camino. En estos momentos, atracada en el puerto de la base de Daley, el ajetreo alrededor de la Aurora era continuo. Docenas de técnicos comprobaban hasta el más pequeño detalle en los motores y sistemas de abordo. Carritos cargados con equipo y munición subían y bajaban sin cesar por las trampillas mientras las grúas terminaban de acoplar dos lanzaderas de misiles a las bahías de carga laterales. Rodeada de cazas y goletas militares, esperaba a que el enjambre de operarios que tenía a su alrededor terminasen su trabajo para poder despegar de aquel hangar militar, alejado de las miradas de los curiosos.

Tras la reunión en el Mirador se habían dirigido hacia allí, hacia su nave. Aquella goleta era lo más parecido que tenía a un hogar. Haciendo memoria no recordaba un sitio donde hubiese dormido tantas veces como su pequeño camarote en la sección de babor de la goleta. Durante el último año había echado de menos estar allí. Allí era donde Alice había conocido a Los Gemelos y donde había vivido la mayor parte del tiempo que habían pasado juntos. Esa vieja nave era su casa y algún día tendría que hacer algo para que nunca se la volviesen a arrebatar.

Mientras continuaba pensativa con la mirada perdida en la pantalla, ahora con una imagen fija de su perseguida, Lennox se acercó desde detrás y la abrazó con delicadeza. La rodeo apoyando las manos sobre su pecho y la besó con ternura en el cuello.

Vamos a despegar – le susurró al oído – Walth quiere que estemos todos para hablar de lo que vamos a hacer.

Espero un segundo disfrutando de aquel momento antes de contestar. Había sido apenas un segundo pero la había hecho recordar cuanto echaba de menos aquello.

Vete sin mí no sea que te pierdas algo – contestó mientras una sonrisa se le grababa en los labios – yo iré ahora.

Sabía a la perfección lo que les iba a contar. La chica tenía un implante en el cerebro que emitía pulsos a una frecuencia que podrían detectar, aunque la señal era muy débil. Un barrido no lo encontraría, necesitaban buscar en el sitio adecuado. Para ello habían colocado guardias en todos los transportes que saliesen en una ruta que pudiese enlazarse con las colonias exteriores y desde la cabina había acceso a las comunicaciones de todas las patrullas. Si alguna tenía problemas sabrían dónde buscar. Mientras no ocurriese nada solo podían esperar, continuar revisando grabaciones y esperar a que alguna vez se le viese la cara en una para poder lanzar un aviso de búsqueda.

Volvió a pasar el vídeo mientras hacía tiempo antes de dirigirse a la cabina. Cada vez le fascinaba más. No solo controlaba todo lo que ocurría a su alrededor, también lo que estaban grabando las cámara. No era casual que nunca le grabase la cara, era como si en todo momento supiese que era lo que se estaba grabando. Estaba claro que no era una persona normal.

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