Carta Estelar – 3 – Levando Anclas – Código 14

Carta Estelar – Índice

3.5 – Código 14

carta_estelar_miniUn sonido en su cabeza la despertó de pronto haciendo que se incorporase. Se encontraba en un quirófano sobre una camilla, la luz era muy intensa. A su lado había un carrito de instrumental médico; cogió un bisturí y se puso en pie.

No sabía dónde se encontraba, aunque aquella sala médica le resultaba familiar. Miró hacia la puerta. Al otro lado del cristal había un gran pasillo de paredes metálicas y una docena de soldados haciendo guardia formando dos filas de seis hombres. Sobre el cristal estaba impreso el número catorce. En un rápido vistazo localizó sus armas y condecoraciones; se trataba de expertos pero apenas armados. Solo portaban pistolas reglamentarias. Estaba claro que no esperaban visita.

Antes de que pudiesen percatarse de su presencia abrió la puerta y comenzó a avanzar hacia ellos mientras, en medio de una fuerte confusión, desenfundaban sus armas. 

En medio del sonido de disparos el cuchillo salió disparado de su mano. Mientras las balas se aplastaban contra las paredes y uno de los cuerpos caía inerte, ella rodaba ganando metros hasta colocarse a su lado. Le arrancó el cuchillo del cuello, le quitó el arma y sin vacilación se impulsó apoyando los pies en la pared hasta el otro lado del pasillo donde otro de los guardias esperaba.

Sonaros más disparos; uno llegó a rozarle el brazo izquierdo. Aquello había estado demasiado cerca pero ni por un instante consiguió apartarla de su objetivo. Hundió el cuchillo en la pierna del tirador mientras se incorporaba, le agarró del cuello y se lo partió mientras le usaba de escudo humano. Sin un instante de vacilación lanzó el bulto contra otro de los soldados, que se vino abajo, mientras disparaba al que se encontraba a su lado. Un disparo limpio entre los ojos, otro al que estaba en el suelo.

A su alrededor continuaban volando las balas pero eso no le preocupaba, sabía donde estaban apuntando los soldados; sabía que no la alcanzarían. De un salto se plantó al lado de uno de ellos con fuerza suficiente para derribarlo de un golpe en la rodilla. Cayendo sobre ella firmó su sentencia de muerte; el bisturí cortó la piel de su estomago como si se tratase de papel desparramando sus tripas. Sin dar tiempo a los demás a reaccionar se desembarazó del cuerpo y lanzó el bisturí sobre su compañero mientras desde el suelo acribilla al resto de los soldados.

Cuando se levantó solo quedaba uno, asustado, acurrucado contra la pared. Le temblaban las manos, apenas era capaz de sujetar su arma. Se la quitó de un golpe y sin miramientos le cortó el cuello. La sangre empezó a manar de la herida como si de una fuente se tratase. Miró a su alrededor; doce cadáveres y mucha sangre.

Sin previo aviso empezó a notar presión en su cabeza, un pitido le taponó los oídos y cayó al suelo sin fuerzas. Podía ver y apenas oír pero no moverse. Al fondo del pasillo se abrió una compuerta. Dos hombres y una mujer entraron y corrieron hasta ella. Nerviosos se apresuraron a clavarle una jeringuilla inyectándole algo. Aquello pronto empezó a hacer efecto; en unos segundos le empezaron a pesar los parpados y la vista se le distorsionaba. La agarraron y la levantaron llevándosela a algún sitio. Antes de perder la consciencia solo podía pensar en lo extraño de todo aquello. No entendía que había ocurrido ni por que los había matado. No había ningún motivo. No había sentido nada.

Abrió los ojos en total oscuridad acurrucada en un diminuto habitáculo. Su corazón latía acelerado mientras un sudor frio le recorría la frente. Le costaba respirar. Trató de calmarse; sabía que había sido un sueño. Estaba justo en el mismo sitio donde había cerrado los ojos. Aquella pesadilla la perseguía sin descanso; aquella en que los mataba a todos. Acababa con ellos como había acabado con los soldados que la habían perseguido desde que escapó. Sin inmutarse ni sentir remordimientos. Aquella pesadilla la obligaba a preguntarse por qué lo había hecho. Por qué ella no se sorprendía ni se asustaba como hacían todos los que la veían.

No estaba segura de cuando había empezado, ni si quiera de que lo había desencadenado. ¿Había hecho lo que el sueño le mostraba? Solo sabía que junto a las pesadillas surgieron las dudas. Mientras tenía los ojos cerrados se sentía vulnerable, no controlaba lo que ocurría dentro y fuera de su cabeza. De alguna manera la reconfortaba. Trató de volver a dormirse pero un brusco movimiento del contenedor en que se encontraba la despertó de nuevo. Interceptando la imagen de la cámara de seguridad pudo ver que estaban subiéndola al carguero. Pronto estaría lejos de allí.

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