Carta Estelar – 4 – VL0900NTC – Maya

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4.1 – Maya

carta_estelar_miniSon demasiadas naves – se quejó para sí misma Maya – no encontraremos nada si seguimos así.

Walth en ese momento levantó la cabeza de la pantalla que tenía ante sí.

¿Qué decías? – le preguntó.

Estaba tan concentrado en lo que hacía que no la había escuchado.

Esto es como buscar una aguja en un pajar. Hay demasiadas naves ahí fuera como para que encontremos algo buscando una por una.

El simple hecho de haber tenido que irse de casa cuando apenas habían pasado dos días de su llegada ya frustraba lo suficiente a Maya como para encima estar perdiendo el tiempo.

Tienes razón, no creo que así vayamos a encontrarla – le respondió calmado Walth

Desvió su mirada un momento hacia el pasillo a su derecha antes de continuar.

Nuestra mejor opción está en la radio – dijo entonces él con cierta resignación – si encontramos algo ahí sabremos donde buscar. Pero hasta entonces debemos seguir intentándolo.

Es una pérdida de tiempo – se quejó ella antes de volver al trabajo.

La Aurora se encontraba en aquellos momentos volando en círculos alrededor de Ciudad Balcon con Lennox a los mandos. Su objetivo era rastrear el mayor número de naves posibles para localizar la señal que el señor Saunders les había enseñado. Hasta el momento los resultados no eran nada buenos. En los alrededores de la estación se agolpaban entrando y saliendo millones de naves. Desde pequeños esquifes a gigantescas naves de batalla. La mayoría tenían los sistemas de radio y cámaras interiores intervenidas. La mayoría no hacían más que salir para volver a entrar en algún otro lugar de la estación. Pero aun así eran demasiadas. Incluso observando solo las abandonaban la región interior del sistema eran demasiadas. Aquel enorme mundo que giraba sobre la Tierra lo habitaban casi tantas naves como personas. Aunque solo un pequeño porcentaje de ellas eran sospechosas, no podían permitirse dejar ninguna sin revisar. Su objetivo había burlado por completo la seguridad de uno de los lugares más vigilados del sistema, dejándoles sin un rastro que seguir. Solo les quedaba la intuición como guía.

Ni siquiera podían estar seguros de que hubiese partido de Ciudad Balcón. En el tiempo que había estado fuera de seguimiento podría haber saltado a alguna de las estaciones cercanas. Lo más probable es que en Kenta Ílkay, Femke Ílkay y la Nueva Esperanza hubiese otros equipos perdiendo el tiempo igual que ellos. Su esperanza real radicaba en que alguno de los equipos de vigilancia que habían colocado en las naves de largo recorrido viese algo inusual. Entonces sabrían donde apuntar y podrían encontrarla. Hasta entonces no hacían más que dar palos de ciego.

La vigilancia de la radio la llevaba en esos momentos Ethan y la tarea estaba resultando aún más aburrida, pese a sus mayores posibilidades de éxito. Hasta el momento el sistema de detección no había marcado más que media docena de falsas alarmas.

Mientras tanto Alice dividía su tiempo entre la sala de radio y la cabina. Sin dirigirles la palabra, cada cierto tiempo la veían pasar despeinada, siempre algo ruborizada. Nunca había entendido como habían decidido añadir al equipo a una persona con tal falta de disciplina y profesionalidad; a una persona tan conflictiva y volátil. Alice lo veía todo como un juego, y solo colaboraba mientras fuese divertido. La planificación la aburría, la investigación la aburría, y nunca participaba en ello; y ellos hacía mucho tiempo que no intentaban que lo hiciese.

Pero hoy Maya no tenía nada que reprocharle. No encontraba en su actitud nada que ella misma en su situación no hubiese hecho. Hoy envidiaba a Alice y no era la primera vez que le ocurría. Apenas habían pasado unas horas desde que dejó a Roger durmiendo para reunirse con el equipo, y eso era lo único en lo que Maya podía pensar. Por suerte lo que estaba haciendo no requería demasiada concentración: Una vez introducida la frecuencia que buscaban en el ordenador de la nave este hacía la búsqueda casi de forma automática, solo tenía que darle paso entre los distintos cuadrantes. Si aparecía algo el ordenador les avisaría. Mientras tanto no podían hacer otra cosa que esperar. Esperar a que apareciese esa nave que buscaban.

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