Carta Estelar – 5 – A ciegas – Jarek

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5.1 – Jarek

carta_estelar_miniEl Capitán Jarek Alinari no se encontraba nada contento. Apenas había podido dormir un par de horas cuando una llamada urgente le despertó. El mismísimo Almirante Mikheil Reynders, su superior en el desastre de Lubartów, durante la última guerra con los Mundos Periféricos. Parecía que nunca iba a poder escapar de aquello.  Mientras se vestía dio paso a la llamada a través del terminal de su camarote. Ante el apareció proyectada la figura de un hombre, de mediana edad, pelo rapado y un uniforme plagado de galones.

– ¿Qué hay, viejo amigo? – Le saludó el Almirante – No tienes buen aspecto.

–Eso es porque me acabas de joder un sueño cojonudo – respondió malhumorado Jarek – ¿Qué es tan importante para que no puedas hablar con mi primer oficial, Mik?

Reynders suspiró un instante antes de seguir.

–Se trata de un abordaje, a un carguero, sois la nave más cercana…

– ¡Por dios Reynders! –le interrumpió – ¿Hablas en serio? ¿Piratas? ¿Me despiertas para eso?

El almirante se rio entre dientes.

–Sabes que si fuese solo eso seguirías durmiendo. No es un robo cualquiera. En ese carguero hay un objeto extraviado, necesitamos recuperarlo y sospechamos que es el objetivo del robo.

– ¿De qué clase de objeto estamos hablando Mik? – le interrogó el capitán Alinari.

–Es alto secreto. Y créeme, prefieres no saberlo – su voz denotaba preocupación– Simplemente detén el robo y aborda el carguero para registrarlo, ya le hemos enviado instrucciones.

– ¿Cómo sé que estoy buscando?

–Te estoy enviando ahora mismo la información que necesitas para identificarlo. En media hora tendrás allí a un equipo especial para todo lo demás.

–Supongo que no puedes asegurarme que vuestro objeto siga en el carguero ¿verdad?

–No, no puedo – contestó con un ligero tono de resignación.

–Entonces tendré que ser muy cuidadoso en la persecución.

– ¡Más te vale! – Exclamó exaltándose – Esto viene del propio secretario de defensa. No te lo tomes a broma Jarek, vale más que cualquier nave de nuestra flota.

–No te preocupes – le contestó con algo de sorna – Pero recuerda que no he sido yo quien lo ha perdido.

Cortó la comunicación sin darle tiempo a contestar y abandonó su camarote. Al otro lado de la puerta le esperaba su asistente personal, Lóránt Stenger,  sosteniendo un café y una tablilla con una pantalla donde fluían datos sin parar. El Capitán Alinari cogió la taza de café y empezó a caminar en dirección al puente de mando.

–Guarda eso, sabes que lo detesto – apartó de si la tablilla – ¿Cómo está la situación?

–Ha sido imposible contactar con la nave no identificada, acaban de despegarse del carguero  pero apenas han ganado velocidad. Si todo va bien les interceptaremos en pocos minutos.

Apenas unos segundos después entraron en el puente de mando. Una sala elíptica de casi veinte metros de longitud con las paredes cubiertas por pantallas mostrando imágenes y mediciones de todo tipo. Un buen número de personas, sentados, tecleaban sin parar en los paneles que se proyectaban a pie de las pantallas y en el centro de la sala esperaba, vacía, una butaca elevada con un cuadro de mandos holográfico ante ella. Justo tras cruzar el umbral le saludó su primer oficial, el joven Paride Böhmer, recién salido de la academia.

–Bien, oficial Böhmer – comenzó Jarek mientras se sentaba – Informe de la situación.

Paride tragó saliva un instante, después se cuadró y empezó a hablar. En general era un chico locuaz, pero siempre se empequeñecía ante el capitán.

–No hemos podido hacer contacto, todas las balizas están desconectadas. La nave es una Phact IVe, de fabricación mercuriana, un modelo sin motor de impulso. Debería ser una persecución corta.

Jarek espero, pensativo, antes de contestar. Ningún pirata se la jugaba tan lejos de ninguna parte sin un motor de impulso. Een ese momento apostaría toda su carrera a que en cualquier momento verían desaparecer la nave ante sus narices. Por otro lado enfrentarse a una nave tan pequeña era un problema, la mayoría de lo que tenían la destruiría casi al instante, o en caso de conseguir inutilizarla podría dañar lo que sea que tuviesen que encontrar. Aunque la usaran de patrullera aquella seguía siendo una nave de guerra. Las baterías defensivas o un EMP podrían funcionar, pero tendrían que acercarse más.

– ¿Todas las balizas desconectadas has dicho? ¿Incluida la de posicionamiento?

–Todas, vuelan completamente a ciegas.

Eso era una noticia aun peor. Solo dos tipos de pilotos volaban a ciegas: los que sabían muy bien lo que hacían y los que no tenían ni la más remota idea de lo que estaban haciendo. Cualquiera de los dos casos implicaba complicaciones. Al menos tendrían que activar el sistema de posicionamiento antes de saltar, y quizá tuviesen tiempo de fijarles una marca.

–Bien, oficial Böhmer prepare un equipo, se va al carguero ahora mismo –Ordenó mientras se levantaba de la butaca– Los demás, escuchadme bien. Los queremos vivos, lo que significa que nuestro arsenal ahora es inútil. Vamos a perder esa nave antes de poder acercarnos lo suficiente para hacerle nada, así que quiero que recojáis todo el material que se os ocurra para buscar una identificación. Imágenes, lecturas de radiación, patrones de aceleración… todo lo que os de tiempo. ¿Entendido? Oficial Alberts –dijo señalando a la piloto, que dirigía concentrada la nave– queda al mando.

Jarek abandonó el puente acompañando a su primer oficial, Paride Hömer, mientras le explicaba lo que el Almirante le había contado.

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