Carta Estelar – 5 – A ciegas – Alan

By

Carta Estelar – Índice

5.2 –Alan

carta_estelar_miniEn el interior de la Aditi todo eran nervios. Nada estaba saliendo ni por asomo parecido al plan que habían trazado. En la cabina, el ingeniero John Goodey ocupaba el lugar del piloto tratando de mantener su ventaja sobre la Atalanta. Aunque su pequeña goleta era más ágil, tarde o temprano la patrullera se les echaría encima e inutilizaría sus sistemas con un pulso electromagnético. A su lado el capitán Alan Duke se apoyaba nervioso en la butaca del navegante, vacía en estos momentos.

– John, tienes que sacarnos de aquí – le advirtió el capitán – Sea lo que sea lo que haga falta ¡Hazlo!

–Tenemos que saltar – contestó Goodey, en un tono más serio al que Alan estaban acostumbrados – Aquí acabarán cazándonos tarde o temprano.

El capitán agachó la cabeza y se quedó mirando al suelo.

– ¡Mierda! – Exclamó pegándole una patada a la butaca – ¿Hay alguna manera de que no detecten la baliza?

No era imposible hacerlo y que no fueran capaces de trazar su rumbo, pero ninguno de ellos en ese momento apostaría a que sucediese. Se hizo un momentáneo silencio en la cabina, roto por la ronca voz del piloto de cazas Tom Rooke.

– ¿Y por qué no saltamos sin activar la baliza? – preguntó intrigado

Ambos se giraron al unísono sorprendidos.

–Tom, tu ignorancia en ocasiones… – contestó molesto Goodey una vez superada la sorpresa inicial, pero antes de terminar la frase su voz cambió de repente – ¡… en ocasiones me ilumina!

De pronto se levantó y arrastró al capitán hacia la butaca del piloto.

–Coge los mandos capi, tengo trabajo que hacer –le indicó

De un salto se movió hacia la posición del navegante y empezó a trazar trayectorias sobre la carta estelar que se proyectó en el panel mientras sus dos compañeros le observaban intrigados.

Pasados dos largos minutos de pronto Goodey sonrió.

–Es una locura… pero puede funcionar.

– ¿Qué demonios pretendes hacer? – le interrogó nervioso Rooke.

 –Justo lo que tu decías, vamos a saltar sin la baliza – le explicó con seriedad.

– ¡¿Estás loco?! – Replicó escandalizado el capitán  – ¿Saltar a ciegas?

–Tranquilízate capi – contestó Goodey, ahora de nuevo tranquilo – He encontrado un par de trayectorias despejadas. Un leve impulso hasta salir del alcance de sus instrumentos y después activamos la baliza para completar el trayecto. Será coser y cantar.

Alan clavó le dirigió una mirada desconfiada, justo antes de ceder.

– ¿Estás seguro de eso?

–Bueno… nos doy un quince… no, que digo… un veinte por ciento de probabilidades de sobrevivir. Piensa que es más de las que tenemos siendo capturados.

– ¿Qué? – Interrumpió Tom – ¿Por qué iban a hacer algo más que detenernos?

–Ahora si – le respondió John levantándose – Tu ignorancia en ocasiones resulta de lo más ofensivo. No es solo ya que un cargo por piratería a este lado del cinturón de asteroides suponga una perpetua. ¿Tú crees que alguien habría colocado un grupo de mercenarios para proteger un cargamento de deshechos? ¿Tú crees que, en condiciones normales, una patrullera habría aparecido de la nada antes de que la tripulación del carguero supiese que ocurría nada?

– Eh… no – respondió retrocediendo

 – ¡Pues claro que no! – Exclamó abriendo los brazos – Aquí hay algo raro. Y siempre que hay algo raro la gente como nosotros sale mal p…

– ¡Basta! – Le frenó el capitán mientras agarraba el intercomunicador – Dejad las discusiones para cuando nos hayamos estrellado. ¡¡Sharp, donde demonios estas!! – Le gritó al micrófono – ¡Te necesito en la cabina hace dos minutos!

Seguir leyendo – 5 – A ciegas – Meira