Carta Estelar – 5 – A ciegas – Maya

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5.4 – Maya

carta_estelar_mini–Dime que lo tienes – la apremiaba Walther a su derecha – dime que has fijado una marca.

Maya trataba de forma desesperada de fijar la nave en los sistemas de seguimiento, pero en esas condiciones no sabía qué hacer.

–No, no la tengo – contestó nerviosa – Esos idiotas viajan totalmente a ciegas, acaban de desactivar hasta la conciencia de la nave.

A su lado Walth se impacientaba, y tras ella Alice observaba la escena como si de una película se tratase. Maya odiaba que hiciese eso. Apartó las manos del teclado y, con brusquedad, se dejó caer sobre el respaldo de su butaca. Necesitaba pensar.

–No podemos ponerle una marca. No si no activan algo más. Y si activan a ciegas el motor de impulso…–suspiró

–Estarán muertos, nadie es tan imbécil para intentar algo así – le interrumpió Walth.

Maya sonrió al oírlo. Eso era cierto en la mayoría de los casos, pero no una certeza absoluta. Ella misma lo había hecho una vez, durante su instrucción, aunque solo en el simulador. Una treta para escapar en un escenario de derrota segura. Había utilizado saltos cortos entre posiciones conocidas despejadas de tráfico. Había un componente de suerte, pero era posible hacerlo. La maniobra le había valido una mención especial en la academia, aunque en los registros oficiales nunca llegó a constar que lo había conseguido.

–Walth, tengo una idea, ¡sé cómo seguirles la pista! –  Exclamó irguiéndose de nuevo en el asiento – Necesito que accedas a los sistemas de la Atalanta y guardes los registros del pulso de respuesta del radar y las mediciones de radiación y… ¡y absolutamente todo lo que tengan sobre esa nave!

De un salto se levantó y se dirigió a la carta tridimensional del sistema que había en el centro de la estancia. Se colocó en su interior y comenzó a seleccionar distintas zonas tras desactivar la mayoría de los filtros que tenían. Mientras Walther recopilaba la información que ella le había pedido. Alice se acercó y se situó tras ella, con sus manos apoyadas con suavidad en la cintura de Maya.

– ¿Qué estás haciendo? – Le preguntó susurrando al oído  – ¿Qué se te ha ocurrido?

–Perseguimos una nave que vuela a ciegas y que creo que va a utilizar un impulso para librarse de nosotros. – Empezó, concentrada, ni siquiera dándose cuenta de que era Alice quien preguntaba– En este punto pueden ocurrir tres cosas. La primera es que activen su baliza de posicionamiento, es lo más probable, y podríamos colocarles una marca sin dificultad alguna, la segunda es que no lo hagan y destruyan la nave estrellándose contra algo…

En ese momento Alice comprendió que es lo que  estaba seleccionando en aquella carta estelar.

–… la tercera es que hagan un salto manual a través de una zona vacía… – susurró completando su frase

–Exacto, es posible ejecutar un salto de forma completamente manual, siempre y cuando lo hagas a través de una zona vacía – continuó Maya – Normalmente es imposible de hacer porque el sistema está plagado de naves, pero no imposible. Se me ocurrió hacerlo durante un examen de astronavegación en mi tercer año de instrucción.

Alice sonrió al escucharlo.

–Vaya… no siempre eres tan aburrida como yo pensaba – susurró divertida.

Tras unos segundos terminó de trazar las posibles trayectorias a través de las cuales podrían llevarlo a cabo.

–Pero cuando yo lo hice el escenario no era este – Dijo Maya apartándose para tener mejor perspectiva del diagrama que se proyectaba ante ella.

Desde el lugar donde estaba la nave que perseguían había marcados una multitud de pasillos, algunos bastante largos. Unos llevando al corazón  del sistema, cerca de Ciudad Balcón, otros a los mundos periféricos, otros sobre el sistema. Lo que tenían todos en común era ser estrechos, muy estrechos. Hacia el Norte y el Sur cruzaban las autopistas del sistema. Hacia los mundos periféricos cruzaban el cinturón de asteroides. Hacia el interior se metían de lleno entre el tráfico, donde los pasillos variaban de tamaño sin parar.

–Es una locura… Nadie en su sano juicio lo intentaría. Tienen que activar la baliza antes de saltar… – se retractó Maya

–Yo lo intentaría… – la interrumpió Alice mientras pasaba el dedo sobre uno de los caminos –…por aquí… doble salto, de vuelta a Ciudad Balcón. Y una vez allí me escondería en la nube de tráfico… quizá en la Tierra.

Maya comenzó a caminar sin sentido alrededor de la sala. Aquello era una locura, pero puede que el piloto de aquella nave estuviese dispuesto a correr el riesgo. Unos segundos después se paró.

–Bien, escuchadme, esto es lo que vamos a hacer –dijo dirigiéndose a sus compañeros–  Alice, necesito que vigiles esa nave. Si activa la baliza de posicionamiento colócale una marca. No podemos perder esa oportunidad. Walth, llama a Robert y transfiérele las lecturas de radiación y de respuesta al radar, vamos a necesitar muchos ojos esperando en los posibles destinos del salto. ¡Quiero todas las naves que podamos intervenir haciendo de antenas para nosotros! Y confiemos en que esos idiotas tengan suerte…

Mientras hablaba se sentó de nuevo en su puesto y comenzó a acceder a los registros visuales de la persecución para tratar de obtener el vector de dirección de la nave en tiempo real. Si conseguía tenerlo determinado en el momento del salto podría deducir que camino había usado, o al menos reducir las posibilidades.

“Te estás oxidando” se dijo a sí misma. Antes todo eso se le habría ocurrido mientras resolvía crucigramas durante el desayuno… A decir verdad echaba de menos resolver crucigramas durante el desayuno.

Seguir leyendo – 5 – A ciegas – Goodey

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