Carta Estelar – 5 – A ciegas – Goodey

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5.5 – Goodey

carta_estelar_miniSharp entró corriendo en la cabina, donde Alan y Goodey continuaban deliberando.

– ¡Por fin! – Exclamó el capitán al verle – ¿Qué demonios estabas haciendo?

–Salvando una vida – gruñó mientras se sentaba de un salto en la butaca del piloto.

–Bueno, pues esto viene a ser más o menos lo mismo – le corrigió Goodey – simplemente multiplicado por… ¿Cuánta gente hay ahora en la nave?

–Tranquilo, ya lo pillo ¿Hasta qué punto estamos jodidos? – preguntó mientras repasaba los sistemas de la nave

–Hasta el punto de tener que saltar sin la baliza – le explico el capitán.

Sharp se detuvo y se dio la vuelta mirándoles con asombró. Ambos le miraron con seriedad.

–Joder… ¿Va en serio? – Preguntó deseando que fuese una broma – ¿No habéis considerado rendirnos? De pronto cuarenta años metido en alguna mina no parece tan mal plan…

–Créeme, lo hemos considerado – suspiró el Alan – ¿Puedes hacerlo?

Rápidamente Sharp volvió a colocarse de cara al panel holográfico.

– ¿Tenemos alguna trayectoria limpia? – preguntó mientras comenzaba a ajustar los parámetros de impulso de la nave.

–Al menos una docena – respondió Goodey

– ¿Amplias?

–Eso no mucho, pero creo que será suficiente – dijo mientras transmitía la información de su terminal a los sistemas de la nave.

Sobre el panel de instrumentos se proyectó una ventana donde aparecieron las trayectorias calculadas superpuestas a un mapa del sistema. Sharp se quedó unos segundos observándolas y finalmente señaló una, conducía directamente al centro del sistema.

–Esta me gusta, es suficientemente ancha y acaba en una zona donde podemos pasar fácilmente desapercibidos.

– ¿Has hecho esto alguna vez? – le interrogó Alan

–Unas cuantas… en simulador. No es tan difícil cuando al estrellarte solo sale un mensaje en la pantalla.

– ¿Tanto tiempo pilotando este trasto y aun tienes ganas de meterte en simuladores? Definitivamente necesitas una mujer de verdad – se rió Goodey.

–Deja de meterte con mi nave y prepárate para trabajar – respondió Sharp – Necesito que…

–Sí, ya lo sé. Aun soy el ingeniero de esta nave – se quejó mientras señalaba a Tom, que llevaba un rato sentado en silencio – ¡Tu, inútil, ven conmigo! A ver si de paso aprendes algo.

Sobresaltado, Tom se levantó y le siguió fuera de la cabina. Atravesaron el salón central de la nave dirigiéndose a una puerta al fondo del mismo. Tras ella había un corto pasillo y detrás la puerta que llevaba hacia la sala de motores.

– ¿Qué demonios vamos a hacer? – preguntó mientras se introducían en el compartimento de motores.

–Vamos a recalibrar el motor de gravedad para que la aceleración del salto no nos mate a todos – le respondió Goodey mientras se levantaba varias placas del suelo.

– ¿Qué? – preguntó extrañado.

–Ya sé que es difícil para tu pequeña cabeza, pero te lo voy a explicar. – Empezó mientras ambos levantaban una plancha en el suelo, dejando a la luz un enorme manojo de cables– Piensa en tu caza ¿Qué ocurre cuando maniobras? Notas las fuerzas que se producen ¿verdad?

Tom asintió.

–Pero cuando estás en una nave más grande todo parece ir suave. Eso es porque tienen un motor de gravedad, que no solo hace que podamos caminar sino que compensa todas las fuerzas que se producen durante el movimiento. ¿Hasta aquí vamos bien?

Volvió a asentir.

–Las aceleraciones normales de las maniobras, mientras no sean muy bruscas, es capaz de corregirlas él solo. Si esta fuese una nave de recreo eso sería más que suficiente. Para maniobras más bruscas, como las que solemos llevar a cabo cuando no queremos que nos maten, necesita los datos en tiempo real del control de motores de la nave.

–Pero el motor de impulso funciona independientemente del sistema principal… – se quejó confuso.

– ¡Exacto! Cuando utilizamos el motor de impulso, toma los datos de la baliza de posiciones…

–Que ahora está desconectada… – completó Tom, cada vez más intranquilo.

–Vaya, creía que sería más difícil – bromeó Goodey.

–Pero, si no compensa la aceleración del impulso… – empezó a decir con la mirada perdida en la pared del fondo.

–Justamente eso, si no compensa la aceleración del impulsó moriremos aplastados contra esa pared –explicó señalando con una llave – Pero no vamos a dejar que eso ocurra ¿Verdad? – Dijo dándole una palmada en la espalda – Para eso estamos tu y yo aquí.

Seguir leyendo – 5 – A ciegas – Jarek (II)

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