Carta Estelar – 5 – A ciegas – Jarek

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5.6 – Jarek

carta_estelar_miniCuando Jarek volvió, el puente de mando de la Atalanta parecía una jaula de grillos. Todo el mundo hablaba sin parar, se movían de un lado a otro; nerviosos. La oficial Gabriëlle Alberts se encontraba parada frente a uno de los paneles, observando en silencio las lecturas que mostraba.

– ¿Qué ocurre? – Preguntó el Capitán colocándose a su lado – Todo el mundo parece haberse vuelto loco de pronto.

–No sabemos lo que ocurre, eso pasa – respondió resignado

– ¿A qué distancia estamos?

–Aún demasiado lejos, Capitán – se quejó la piloto sin precisar una medida – Han acelerado bastante, necesitaríamos al menos otros cinco o seis minutos, y no creo que los vayamos a tener.

– ¿Qué estamos mirando? – le preguntó señalando la pantalla.

–Las medidas de radiación del motor de gravedad – explicó Gabriëlle – las estábamos usando para seguir sus maniobras. Pero de pronto han cambiado.

–Y tiene una teoría ¿verdad?

–La tengo, señor. La maniobra Ardiles, eso es lo que creo que van a hacer.

– ¿Y en qué consiste esa maniobra? – Jarek no había oído citarla nunca.

–Verá, es algo de lo que se habla mucho en la academia… hay un ejercicio de escenario imposible, el K…– empezó a explicar.

–Conozco ese ejercicio, todos el que quiera estar en una nave debe pasarlo alguna vez – le interrumpió el capitán.

–Bien… – continuó la oficial Alberts – el caso es que no es imposible. Hace algunos años una estudiante de astronavegación consiguió superarlo. Desactivó todas las balizas e hizo que su nave realizas un salto manual a través de un minúsculo pasillo despejado.

–Nunca había oído hablar de ello – contestó escéptico Jarek.

–Bueno, realmente no sé cómo sería la historia real, eso es lo que se cuenta – puntualizó – Si su motor de gravedad es antiguo necesitará de la baliza de posicionamiento para compensar la aceleración del salto. Mire aquí capitán – dijo señalando a un pico de intensidad en el patrón proyectado ante ellos – estoy casi segura de que es una entrada de señal adicional, lo que podría ser algún tipo de re–calibración o control manual.

El capitán esbozó una pequeña sonrisa cuando su primer oficial terminó la explicación. Un plan ingenioso, una  auténtica locura, pero ingenioso. Si la tripulación de esa nave sobrevivía, y llegaban a atraparlos, esperaba poder preguntarles sobre eso.

–Buen trabajo, señora – le felicitó – mantendremos la persecución y la observación de las balizas por si fuese un farol, pero parece que esto va a durar poco. Que sigan recogiendo todas las imágenes posibles de la nave, las necesitaremos para buscarla más tarde.

–Entendido, señor – contestó – ¿Algo más?

–Nada de momento, continúe al mando. Tengo que hacer una llamada.

Jarek Alinari se encaminó de vuelta a su camarote tras librarse de su asistente, mientras a su espalda en el puente de mando el nivel de excitación general continuaba en aumento. Una vez hubo cerrado la escotilla conectó su terminal y al instante la imagen de Mikheil Reynders apareció ante él.

–La vamos a perder – dijo con tranquilidad Jarek, esperando la sorpresa de su viejo amigo.

–Lo sé, no sois los únicos siguiendo ese cacharro – respondió  con sequedad.

–Bien ¿Y qué esperas que hagamos ahora?

–Registrad el carguero, cabe la posibilidad de que el paquete siga allí…

–Ya tengo allí a alguien – le cortó – si encuentra algo lo sabremos al instante, pero no albergaría demasiadas esperanzas.

–No las tengo… ¡maldita sea! – Explotó de pronto – ¿Qué clase de locos saltan a ciegas?

–Creo que se llama maniobra Ardiles, señor – precisó riendo entre dientes.

–Se perfectamente cómo se llama –le contestó irritado –con mi rango me entero de cuando unos chiquillos encuentran fallos en nuestros programas de adiestramiento. Pero nunca pensé verlo en el mundo real.

–Nosotros también estamos sorprendidos – replicó con sorna

–Bueno, no importa, los encontraremos vayan a donde vayan – continuó mostrando su nerviosismo – Dentro de unos veinte minutos llegará a vuestro cuadrante una nave, la Aurora. Tendrá todas las credenciales en regla para atracar en vuestro puerto. Así podrás conocer de primera mano la historia de la maniobra de marras.

– ¿La gente de Saunders? – preguntó inquieto.

–Al completo. Yo que tu iría abriendo hueco en la nave porque no me extrañaría que mandará a alguien más.

–Mierda…

–Exacto: mierda – terminó Mikheil justo antes de cortar la conversación.

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