Carta Estelar – 5 – A ciegas – Alan (II)

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5.8 – Alan (II)

carta_estelar_miniAlan se encontraba de espaldas al piloto de la Aditi, con la vista puesta al otro lado de la cristalera, en silencio, mientras Sharp colocaba la nave en la trayectoria exacta que necesitaban para el salto.

–Esa patrullera se nos echa encima – informó Sharp

– ¿Cuánto tiempo nos queda?

–Son rápidos… no creo que tengamos ni diez minutos – contestó Sharp, su tono denotaba preocupación.

El capitán se sentó a su lado, en el puesto del navegante y conectó con la bodega.

–John, nos quedamos sin tiempo ¿Cuánto más necesitas?

–Bueno capi… estamos teniendo algunos problemas por aquí abajo – le respondió con cierto desinterés – ¿de cuánto tiempo exactamente disponemos?

–Estaremos a distancia de EMP en seis minutos – más vale que lo tengas antes.

–No se preocupe, pero más vale que todo el mundo se prepare, va a ser algo brusco.

– ¿Algo brusco? – preguntó Alan preocupado

–Capi, esto requeriría una semana de trabajo y un par de técnicos cualificados. Yo tengo unos minutos y a este idiota…

–Vale, vale, lo entiendo ¿Vamos a morir?

–mmm… No… No lo creo.

–Está bien, supongo que servirá – contestó con cierta sorna.

–Bueno, ahora creo que debería volver al trabajo –respondió con tranquilidad– os avisaré cuando esto esté listo.

La comunicación se cortó y la pequeña pantalla se desvaneció en el aire.

–Así que al fin vamos a morir – bromeó entonces Sharp esbozando una ligera sonrisa

–Eso parece… Creo que debería avisar a Anton, seguro que le gustaría prepararse.

Volvió a apoyarse sobre el panel y abrió una nueva ventana de comunicación.

–Anton ¿Cómo van las cosas por ahí?

– ¡Está viva! – Les sorprendió la excitada voz de Meira – Tengo… eh… a la chica estabilizada. Casi hemos terminado, solo tenemos que cerrar…

–Eh… bien… Mirad, dentro de unos minutos vamos a tener una maniobra un poco brusca, necesito que estéis preparados. Debería haber varios arneses en una de las paredes.

–De acuerdo, dadme tres minutos para terminar aquí.

–Está bien – respondió girándose hacia la pantalla de radar – pero tres minutos, ni uno más.

Inmediatamente abrió un canal general para advertir a Ida, que se encontraba en la bodega, y a su otro pasajero, que no sabía dónde demonios se encontraba. Cortó la comunicación y se recostó sobre la butaca mientras se colocaba los arneses de sujeción.

– ¿Estás preparado? – le preguntó a Sharp

–Sabes perfectamente que no – respondió el mientras terminaba de ajustar vector de dirección de la nave – esto es una locura.

–Ni que fuera la primera vez que dices eso, viejo amigo.

–Pero esta vez es de verdad… – respondió con seriedad – ¿Sabes? Va a ser una pena no poder contárselo a nadie.

–Nadie te creería

–Oh, seguro que sí, las chicas de las colonias adoran estas historias – bromeó de nuevo Sharp

Y entonces, tras robar a la gran multinacional para poder entregárselo a los pobres y ser perseguido por el ejército, arranqué el motor de impulsos con todos los sistemas de guía desconectados, aun sabiendo casi con total seguridad que eso implicaría mi muerte   – parodió Alan – Si, seguro que funciona. ¡Nunca me cogeréis vivo! Dijo.

–No deberías hacerme reír ahora – le recriminó –de mi concentración depende tu supervivencia.

Entonces una pequeña ventana se proyectó ante el capitán.

–Por aquí todo está capi – informó Goodey – podemos saltar en cuanto queráis.

–Agarraos bien, no tardaremos ni un minuto – le contestó el capitán, que rápidamente se giró hacia Sharp – ¿A cuánto está la patrullera?

–Cumpliendo los plazos como un reloj, en un minuto nos tendrá a tiro.

–Algún día tenemos que cambiar la manera en que hacemos las cosas –se quejó Alan mientras abría una nueva ventana de comunicación – Meira, tenemos que saltar ya.

– ¡Un minuto! – Le reclamó desde el quirófano – Casi estamos listos.

– ¡Si esperamos un minuto no saltaremos! ¡Tienes treinta segundos para lo que sea que tengas que hacer!

–Mierda… – se escuchó al otro lado – ¡Está bien, treinta segundos!

A través de los altavoces de comunicación comenzaron a escucharse ruidos y maldiciones, y después de eso silencio. Un silencio que comenzó a alargarse mientras Sharp acercaba lentamente la mano al control de salto, preparado para lanzar la nave en el momento en que tuviese la autorización.

– ¡Tenemos que saltar ya! –Gritó el capitán cuando estaban a punto de cumplirse los treinta segundos– ¡¿Qué demonios estás…?!

– ¡Listo! – le interrumpió ella.

Y justo en ese momento la mano de Sharp apretó con suavidad uno de los pocos botones reales que destacaban sobre el panel virtual de la nave.

Y podréis oír su fantasma al pasar cerca de la laguna…– susurró mientras lanzaba la nave a una velocidad impensable a través del Sistema Solar.

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