Carta Estelar – 6 – Escondidos – Walther & Maya

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6.1 – Walther & Maya

carta_estelar_miniWalther esperaba en una pequeña sala tomándose una taza de café. Aquel pequeño salón, cómodo y luminoso, situado en el ala de estribor de la patrullera, poco tenía que ver con las estancias de su pequeña goleta. De paredes y techo blancos, pequeñas butacas y una mesa en el centro. A un lado tenía una pequeña cocina, y al fondo un enorme marco donde se proyectaba una pantalla. Aunque se tratase de una nave militar, el pasar tanto tiempo lejos de casa le daba derecho a algunos lujos a su tripulación.

Hacía ya un par de horas que habían atracado en la Atalanta, y hasta que Maya no terminase de coordinar los sistemas de la Aurora con los de la patrullera no tendría nada que hacer, salvo pensar. Pensaba en aquella nave que se les había escapado, en su tripulación y en la chica a la que transportaban. Si siguiesen vivos deberían haber tenido ya alguna noticia. Pero en ese momento no era nada en lo que pudiese influir. Se recostó en su butaca y programó el terminal de la sala para que sonase algo de música. No le agradaba demasiado la selección de música disponible. Sin siquiera llegar a terminar la lista accedió a su biblioteca personal y descargó algunas cosas desde su terminal portátil. Mientras empezaban a sonar las primeras notas de arpa de Vyšehrad, el primer poema sinfónico de la obra Má vlast del maestro Bedřich Smetana, Walther cerró los ojos dejando que el mundo se detuviese a su alrededor, dejándose arrastrar por la música.


Apenas había alcanzado la mitad del segundo poema de la obra, Vltava, cuando unos acelerados pasos lo devolvieron a la realidad. Maya entró excitada en la sala, casi corriendo, con la vista fija en un terminal del tamaño de una hoja de papel que manipulaba con presteza.

-Están vivos Walth, esos chalados lo han conseguido. – Fue lo primero que le dijo al entrar – Las lecturas son claras, no hay duda de que son ellos.

Se sentó frente a él y lanzó el terminal deslizándose sobre la mesa hasta donde se encontraba.

-Y lo increíble es donde han aparecido – continuó excitada – Nada menos que al lado de Ciudad Balcón. En control de tráfico están que se suben por las paredes. No han dejado ni un cuadrante de distancia, y aun así no hay más que lecturas de pasada. Han salido a espacio vacío y han encadenado saltos hasta desaparecer otra vez. Las últimas lecturas los colocan en dirección a la Tierra.

-Son listos – Walth esbozó una sonrisa – si consiguen aterrizar sin que les detecten, pueden esconderse allí meses sin que nadie los encuentre. En condiciones normales ni siquiera les buscarían allí.

-Con todos los sistemas desactivados los confundirán con un asteroide o algún trozo de basura espacial…

-No, no lo harán. – Dijo Walther levantándose – ¿De cuándo son las lecturas? ¿Cuánto calculas que tardarán en iniciar la reentrada?

-Eh… depende de donde hayan elegido la ventana de entrada… supongo que en menos de quince o veinte minutos deberían estar listos.

-Perfecto, en quince hay tiempo para que les estén esperando. Tengo que hablar con Robert.

Walther abandonó la sala dejando allí a Maya sentada en la mesa. Estiró el brazo para recuperar el terminal y se recostó en la silla leyendo los datos de la pantalla. Veinte minutos parecía una buena estimación, aunque si continuaban con los sistemas desconectados podrían escabullirse con facilidad de la vigilancia. Quizá fuese suficiente para saber al menos en que continente buscar. Volvió a dejarla sobre la mesa y se acercó a la pequeña cocina a prepararse un café. El que tenían allí era algo mejor que el de la Aurora, pero aun así nada especial. No tuvo que esperar ni un minuto a que estuviese preparado y volvió con él a la mesa. Cuando estaba en Ciudad Balcón siempre desayunaba café, Roger se lo preparaba, siempre con un cuadradito de chocolate disuelto en la leche y un poquito de canela. Cuando volviese eso era lo primero que iba a hacer, desayunar, no importaba la hora que fuese. Inspiró despacio, desde que se había ido todo le recordaba a Roger.

Apartó el café y se acercó a la despensa. Encontró una botella de vino blanco abierta. Le sorprendió encontrarla en una nave militar, pero no le dio muchas vueltas. Se sirvió una copa y volvió a la butaca. Se recostó y comenzó a beber despacio de la copa, sabía que no debería hacerlo, pero en ese momento no le importaba. La música la relajaba, no sabía que era pero la hacía sentirse bien. Cerró los ojos y se dejó llevar. El tiempo comenzó a pasar, despacio, copa tras copa. Tendría que preguntarle a Walth que era aquello que sonaba. La hacía sentirse bien, en una extraña paz. Pronto le pareció incluso sentir los brazos de Roger rodeándola, su cálido aliento en el oído… y entonces una voz la sobresaltó.

-¿Bebiendo en horas de servicio, muermo? – le susurró Alice al oído.

Maya dio un respingo, derramando parte de la copa sobre la mesa, mientras se apartaba hacia un lado. Tras ella Alice trataba de contener la risa.

-Mierda Alice… ¿¡Por qué no te vas a joder a otro!? Seguro que tienes un par de voluntarios.

-Te sorprendería saber que puedo llegar a querer un descanso tras… – bromeó

-Ahórrame los detalles por favor. ¿Qué coño quieres?

-Necesito un favor – dijo entonces adoptando un tono de seriedad – es muy importante.

-¿Un favor? – Maya no podía creérselo

-Se que no te gusto una mierda, y tu a mi tampoco te creas que me apasionas, pero esto es importante. – Explicó Alice

-Bien, habla – gruño Maya entre deseos de echarla de una patada

-Necesito que entres en la red personal de Saunders…

-¡¿Te has vuelto loca?! – Respondió incrédula – No, es cierto… siempre lo has estado…

-Cállate un segundo. Sé lo que pasaría si nos cogen, pero es importante. ¡Tú misma viste el video! Cualquiera que no esté ciego sabe que no buscamos a una civil. Y ese “comando de apoyo”… Saunders nos ha tirado al pozo sin decirnos que hay en el fondo, y creo que piensa en cortarnos la cuerda. ¡Necesitamos saber a qué nos vamos a enfrentar! Y odio admitirlo… pero sin ti no puedo hacerlo.

Maya se quedó en silencio. Aquella chiflada tenía razón, todo aquello había olido a podrido desde el principio. Apenas tenían información, y lo que Saunders les envíaba era un puñado de los mercenarios con un largo historial de masacres a sus espaldas. Odiaba admitirl, pero aquello era algo que debería habersele ocurrido a ella.

-Mierda… lo haré

De pronto Alice saltó hacia ella abrazándola.

-Creía que no lo harías – susurró sonriendo

-No me tientes – gruñó inquieta Maya

-¿Sabes? No entiendo que malgastes este cuerpazo en un tipo al que apenas ves – dijo desplazando su mano izquierda hasta acariciarle la nalga.

-¡Mierda Alice! He dicho que trabajaré contigo… ni siquiera que me caigas bien – se quejó Maya mientras la empujaba apartándola

-De acuerdo – respondió sonriendo burlona – Pero si cambias de opinión… ya sabes dónde estamos.

Mientras se daba la vuelta y abandonaba la sala, Maya se volvió a sentar en la butaca y se llenó la copa de nuevo hasta arriba. Aun no había llegado a rozar el cristal con los labios cuando Alice se detuvo, y se dio la vuelta.

-No sabía que tenías tan buen gusto musical – comentó haciendo un gesto de aprobación, antes de volver a darse la vuelta y marcharse.

Maya sorbió un trago antes de decirse para sí “yo tampoco”. Volvió a recostarse y a cerrar los ojos disfrutando de la bebida y la música. No iba a tener mucho más tiempo para relajarse a partir de ahora.

Sigue leyendo – 6 – Escondidos – Meira

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