Carta Estelar – 6 – Escondidos – Meira & Sharp

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6.4 – Meira & Sharp

portada_miniEn cuanto cerró la puerta del camarote, Meira se apoyó contra la pared y trató de tranquilizarse. Estaba a punto de echarse a llorar otra vez. ¿En qué demonios estaba pensando al empezar todo eso? No solo había conseguido que casi matasen a esa chica, sino que la había convertido en una fugitiva, a ella, a Régis y a todos. Cerró los ojos y respiró hondo antes de volver a caminar. No pudo evitar derramar dos pequeñas lágrimas, que rápidamente recorrieron sus mejillas antes de que pudiese limpiarlas. Con paso vacilante avanzó a través del pasillo en dirección a la cabina. Todos debían estar ya allí.

Al cruzar la sala común se encontró a Régis esperándola. Sin siquiera dejarle hablar, Meira le hizo un gesto de negación.

–Ni te atrevas a decirme nada – le espetó mientras pasaba de largo.

–No, espera… – la detuvo, agarrándola del brazo – solo quería… pedirte disculpas.
Tiró de ella con suavidad acercándola.

–No sé lo que me ocurrió – continuó – perdí los nervios completamente… espero que puedas perdonarme.

Ambos se quedaron mirando el uno al otro, en silencio. Lentamente Meira esbozó una pequeña sonrisa, y se lanzó sobre él, abrazándolo. El la estrechó entre sus brazos, acariciándole suavemente el cuero cabelludo con la yema de los dedos, y la besó en la frente con suavidad.

–Gracias… – susurró ella – gracias…

Cuando se separaron de nuevo, Régis sacó un pañuelo perfectamente doblado de su bolsillo y le secó las lágrimas. La cogió de la mano y la guió despacio hacia el pasillo que llevaba hasta la cabina de la nave.

–Vamos, ya deben haber empezado.

Cuando llegaron al puente, la tripulación ya se encontraba reunida. Goodey y Tom parecían tremendamente excitados, mientras el resto discutían sobre donde podrían hacer aterrizar la nave.

–…además de eso necesitamos que sea un lugar donde podamos repostar la nave – hablaba el capitán, haciendo caso omiso a su llegada – ¿Alguno de nuestros viejos escondites sigue en pie?

–Alejado de las bases solo se me ocurre nuestra vieja pista en Kazajstan… – Sharp hablaba despacio, tratando de exprimir su memoria – hace demasiado que no visitamos ninguno.

–No, la pista Kazaja no sirve – le corrigió Ida – La última vez lo derribamos todo para no dejar pistas, allí solo quedan arena y escombros.

–Pues para llegar al resto necesitaremos al menos una autorización de entrada en el planeta, imposible colarnos, demasiada vigilancia –Sharp no parecía muy convencido de todo aquello– y sospecho que esta vez no nos la van a conceder.

En ese momento Goodey se puso en pie, interrumpiéndoles, y comenzó a hablar agitando fuertemente los brazos.

–¡Pero chicos! ¿Qué es toda esta negatividad? ¡Acabamos de hacer historia! ¡Deberían sacarnos en las noticias y celebrar nuestra hazaña!

–John, todos nos alegramos de haberlo conseguido, pero no creo que eso nos vaya a sacar de esto – le cortó el capitán.

–Un momento, me he perdido ¿Qué ha pasado? – preguntó entonces Régis

–¿Es que no te has enterado, chaval? ¡El salto! – Goodey no paraba de gesticular mientras hablaba

–Si, me di cuenta, algo fallaba… fue… muy brusco…

–¿Algo fallaba? ¿Brusco? ¡Pero por el Gran Éxodo! ¡Fue una obra de arte! ¿No te diste cuenta verdad? ¡Lo hicimos a ciegas!

–¡¿Qué?! – la piel de Régis de pronto se tornó tan blanca como el papel, mientras sus manos empezaban a temblar.

Goodey se adelantó y le cogió por los hombros.

–Cálmate chico, ya está hecho. ¡A que nunca imaginaste que vivirías algo así!

–John, centrémonos – interrumpió de nuevo el capitán – tenemos que encontrar un lugar donde aterrizar, y rápido.

–Está bien, está bien, capi – contestó dándose la vuelta – Ya lo dejo.

–Eh… esto… – trató de hacerse un hueco tímidamente Anton – creo que estamos enfocándolo mal.

–¿Qué quieres decir? – pregunto intrigado Sharp.

–Pues… creo que deberíamos olvidarnos de nuestros escondites – explicó – ¿Cuál es la zona con menor vigilancia del planeta?

–Una entrada sobre el pacifico sur sería lo más sencillo – le siguió el juego Sharp – alejados de los continentes.

–¿Y no conocemos ningún escondite en esa zona? Alguno de nuestros colegas debe tener alguna base oculta en alguna isla ¿no? – miraba fijamente hacia Tom.

–Pues… si… algunos de mis contactos tienen escondites allí – comentó nervioso, al sentirse centro de atención – pero si no puedo comunicarme con ellos no tendremos las claves de acceso.

–¡Idiota! ¿Es que no me has visto trabajar? – se exaltó Goodey– Al lado de lo del carguero abrir un par de portones está chupado.

–Ya has visto como salió lo del carguero… – criticó despectivamente Tom – Preferiría salir vivo de esto.
–¡Como si algo de eso hubiese sido culpa mía! – Se quejó airadamente Goodey – Jefe, no puedo trabajar en estas condiciones de escepticismo extremo ¡Necesito algo de confianza!

–Calmaos todos – intervino Alan – ¿Qué puedes darme que nos sirva?

–Bueno… está la pista de Vairaatea, aunque no tengo claro que haya combustible… también está el escondite de los Hamilton, aunque creo recordar que los han pillado…

–Espera – le detuvo Ida – recuerdo el juicio, los pillaron pero no llegaron a revelar la localización de sus escondites. ¿No trabajamos con ellos poco antes?

–Es cierto – hizo memoria Sharp – acostumbraban a mantener un buen numero de recambios, y combustible suficiente para un par de meses en el espacio. Con un poco de suerte seremos los primeros en visitarlo…

–Bien… no es que me guste robar a los compañeros de profesión – enunció el capitán – pero parece nuestra mejor opción. Aterrizaremos ahí, reparamos el casco, nos aprovisionamos y partimos hacia Europa. Llegaremos con algo de retraso, pero llegaremos.

–¡¡Capitán!! – Saltó de su asiento Tom – ¿Europa? ¿Después de esto? ¡¡Deberíamos escondernos durante meses!!

–Tom, tenemos un trato que cumplir – negó Alan

–¡¿Pero se ha vuelto usted loco?!

–Aun soy el capitán – contestó sin levantar la voz – así que se harán las cosas a mi manera.

–¡Mierda! – Se puso en pie lanzándole una mirada de odio a Meira – ¡Este maldito asunto nos va a matar a todos!

Abandonó la cabina propinándole un poco disimulado empujón a Meira, y se perdió al fondo del pasillo. Alan en ese momento se dirigió a Régis y a ella.

–El descenso va ser movido, apagaremos todo lo que sea posible para evitar ser detectados, y eso incluye el generador de gravedad. Avisad a nuestra invitada, y ayudad a Anton a fijar todo lo que sea posible en la enfermería. No podemos permitirnos perder el poco equipo que tenemos.

Asintiendo con la cabeza los tres abandonaron la cabina sin hacer objeciones.

–Capitán… no es que me guste ponerme negativo – intervino Goodey una vez que se hubieron alejado – pero todo eso de aterrizar y luego seguir con el plan previsto no soluciona el problema real que tenemos.

–Lo sé, John – contestó – Una vez que estemos en tierra quiero que tu e Ida reviséis a conciencia el cargamento. Quiero saber qué demonios hemos cogido.

–¿No cree que pudo haber sido simplemente una trampa? – preguntó Sharp

–¿Para cogernos a nosotros? Imposible – negó Goodey – No estamos en las listas, además a los piratas de nuestro nivel se los derriba sin miramientos.

–Tiene razón – afirmo el capitán – esa patrullera parecía querer capturarnos vivos. Llevamos algo que buscan.

–¿Y qué hacemos entonces con los demás? – preguntó Ida – No deberíamos perderles de vista.

–Los mantendremos ocupados, lejos de la bodega. Ya se me ocurrirá algo – completó Alan
Tras la charla Ida y John abandonaron también la cabina dejando solos al capitán y el piloto. Alan se acomodó en el asiento del navegante y comenzó a realizar los cálculos de la reentrada.

–Tendremos una ventana limpia en unos veinte minutos – informó unos minutos después – ahí tienes la trayectoria.

–Uff… es un poco durilla… Adi va a necesitar algo más que un par de parches después de esto. Nos vamos a quedar ahí abajo un buen puñado de días.

–No te preocupes, si sobrevivimos a esto te compraré una nave nueva – prometió con sarcasmo

–Sabes que no quiero una nave nueva – respondió – me gusta esta. Deberíamos cuidarla más.

Sin más dilación colocó la nave dentro de la trayectoria de entrada, lanzándola sobre el Planeta Azul.

Seguir leyendo – 6 – Escondidos – Robert

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