Carta Estelar – 7 – Tierra – Régis

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7.3 – Régis

portada_miniRégis había pasado la reentrada en su camarote, solo, tremendamente cabreado. No entendía cómo podía estar todo el mundo tan tranquilo. Sobre todo no entendía cómo podía estar Meira tan tranquila. Aquel estúpido plan, que nunca esperó llegar a poner en práctica, había salido rematadamente mal. De pronto había participado en un tiroteo, era un fugitivo y se encontraba acompañado de un puñado de contrabandistas. Para colmo por culpa suya aquella chica había recibido un balazo. ¿Les demandaría cuando saliesen de allí? La verdad es que daba igual, su carrera estaba acabada, su futuro entero se había ido al garete. Y con la que estaba cayendo Meira perdiendo el tiempo yendo a mirar por la ventanilla, y juntándose con aquellos criminales ¿En que estaba pensando? Si querían tener alguna opción de salir de allí medianamente bien lo que tenían que hacer era apartarse de ellos, no unirse a su tripulación. Encima antes, al borde de un ataque de nervios, la había cagado echándole en cara a Meira todo aquel desastre. Por suerte ella había aceptado sus disculpas. Ahora tenía que calmarse y empezar a pensar. Tenía que encontrar una manera de sacarlos de allí y llevarlos de vuelta a casa, preferiblemente evitando la cárcel.

Salió de su camarote y comenzó a dar vueltas a través de los pasillos. No iba a ninguna parte, simplemente caminaba. Caminar siempre le había ayudado a tranquilizarse y a pensar, pero en aquella ridícula nave apenas había sitio para ello. Abandonó rápidamente el pasillo de camarotes, tratando de no cruzarse con el capitán, al que había visto entrar en el camarote de la chica herida. Cruzó la sala común y se quedó allí dando vueltas de un extremo a otro de la misma.

– ¿Por qué esa cara, hombre? – le interrumpió uno de los tripulantes de la nave, el insoportable rubio con su descuidada barba – Ni que se te hubiese muerto el gato

Goodey acababa de entrar desde uno de los pasillos laterales. Le hablaba con tono despreocupado, como si realmente le sorprendiese su mal humor. ¿Es que no se había enterado de lo que estaba pasando?

– ¿Que por qué, que? – la pregunta le sorprendió tanto que no supo que responder. No sabía si levantarse y golpearle, si gritarle, si ignorarle o si echarse a llorar.

–Sí, hombre, alegra esa cara – parecía tratar de animarle – todo va a salir bien, ¡un poco de fe!

– ¿Que todo va a salir bien? ¿Que todo va a salir bien? – Régis estaba a punto de estallar – ¡¿Pero cómo puedes decir eso!?

–Tranquilízate – le interrumpió acercándose y poniéndole una mano en el hombro – Hemos salido de situaciones peores… – dudó un momento – bueno, peores no lo sé, pero al menos similares – se detuvo – Hemos salido de situaciones similares sin que nadie, o casi nadie, acabe herido, muerto o encerrado. Esto es pan comido, ya verás cómo todo acaba saliendo bien.

Mientras Régis escuchaba aquello los músculos de la cara se le tensaban, en una mezcla de rabia e incredulidad.

–Bueno… parece que eso no te tranquiliza mucho – reflexionó Goodey – pero bueno, no hay mucho en tu mano para cambiarlo, así que no veo por qué deberías preocuparte. Además, ahora vamos a aterrizar en un sitio precioso, ya sabes: sol, bosque, playa… allí arriba gastan millonadas por emularlo. Deberías tomártelo como unas vacaciones.

Comenzó a alejarse de él, saliendo de la sala común.

–Eso es, unas vacaciones – decía mientras se alejaba – ese es el espíritu… creo que yo también trataré de tomármelo así, no sé cómo no se me había ocurrido antes…

Cuando se hubo ido Régis comenzó a tranquilizarse un poco, había estado a punto de levantarse y darle un puñetazo a aquel imbécil. Aquel criminal parecía no entender lo que le había pasado. Parecía ni plantearse que por culpa suya él iba a acabar en la cárcel, o muerto, y que por culpa de aquel desastroso atraco, que nunca debería haber ocurrido, su brillante futuro se había esfumado. Parecía no entender que de pronto eran fugitivos de la Alianza, y que no los perseguía simplemente algún cuerpo de seguridad, sino que habían mandado una patrullera del ejército a por ellos. No es que estuviesen en problemas, sino que aquello era el jodido fin del mundo.

Aunque había algunas cosas en las que tenía razón, en ese momento no había nada que él pudiera hacer para cambiar su situación. O quizá si lo hubiese…

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