Carta Estelar – 7 – Tierra – Damian

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7.6 – Damian

portada_miniCon una suave maniobra la Angerona se colocó en una trayectoria paralela a la Atalanta. Desde la cabina de la lanzadera podía verse con claridad, perfilada sobre el brillante azul del Índico, la esbelta figura de la patrullera de la Alianza, la mayor jamas construida, junto con sus naves hermanas, capaz de volar en la atmosfera de un planeta. En la cabina, Guillermo Castro observaba de pie la nave en la que atracarían, mientras Nuan Jiang se sentaba a los mandos de la pequeña goleta.

–Permiso de aterrizaje obtenido – informó la nave – Tenemos trayectoria de atraque. ¿Paso a piloto automático?

–Negativo Angerona, la llevaré manualmente – contestó Nuan

–Deberías dejar que Angie nos llevase – sugirió Guillermo sin girarse – a este ritmo se va a oxidar.

–La que me voy a oxidar soy yo – se quejó Nuan – con tanto viaje en naves militares acabará olvidándoseme volar. Anda, haz algo útil y avisa a los demás, en cinco minutos estaremos dentro.

Guillermo abandonó la cabina, bajando las escaleras que le llevaron hasta un amplio pasillo. A los lados se encontraban las puertas de los camarotes, fue golpeándolas una a una con fuerza.

–¡¡En cinco minutos estaremos dentro!! – anunció mientras avanzaba. La verdad es que no tenía ni idea de si había alguien en alguno de ellos.

Apenas unos metros más adelante el pasillo acababa en una pequeña sala. A un lado una cocina y una pequeña despensa, al otro una larga mesa con bancos a ambos lados. Sentada en el banco, con un plato vacío delante, Demi Raptis observaba una pantalla colocada en la pared.

– ¿Escuchaste lo que dije? – se paró Guillermo al verla

–Sí, sí, que ya estamos – contestó desinteresada – vete a darle la murga a otro anda.

–Vale, lo que tú digas… pero yo que tu estaría lista para cuando aterricemos… – dijo mientras se iba – cada vez que tu o tu amigo el cabezabuque cabreáis al jefe lo pagamos todos.

Salió de la sala común en dirección a la parte trasera de la nave, cuando de pronto una puerta se abrió a un lado. De ella salió Zdenko, desnudo de cintura para arriba, tapado solo con una toalla.

–Ah, bien, estás aquí – indicó Guillermo sorprendido – Habla con tu novia y consigue que se prepare, y vístete, cuando estás así pones nervioso a los militares.

– ¿Ya hemos llegado? – preguntó confuso el enorme mercenario

–Claro que hemos llegado – exclamó mientras continuaba andando – ¿Que esperabas? ¿Dos semanas de crucero?

Al final del pasillo una nueva escalera le llevó hasta una estrecha y larga bodega, colocada bajo la sala común y los camarotes. Colocados a ambos lados descansaban varios cajones, ordenados y amarrados, cargados con su equipo. Frente a la escalera, dos escotillas daban paso a las capsulas de salvamento, preparadas para mantener con vida en el espacio a cuatro personas durante una semana. Al otro extremo, bajo el pasillo de los camarotes, había varias estanterías colocadas en las paredes, y apoyada en una de ellas estaba su jefe, Damian Romeijn, hablando con Noemia Costa.

–Lamento interrumpir, jefe – se acercó a ellos – pero hemos llegado. En un par de minutos deberíamos estar dentro.

Ambos se giraron hacia él, mirándole.

– ¿Están todos listos? – preguntó Damian secamente.

–Más… o menos –se rascó la cabeza– estarán preparados para bajar en cuanto estemos parados.

–Bien, asegúrate de que Zdenko y Demi están listos, nosotros subiremos ahora.

–No le prometo nada, jefe – hizo una mueca mientras se daba la vuelta y se dirigía de vuelta a las escaleras.

Damian y Noemia se quedaron de nuevo solos, uno frente a otro.

–Deberíamos subir – susurró ella cogiéndole suavemente la mano derecha y bajando la mirada – No es bueno que el jefe llegue tarde.

El levantó la mano izquierda, colocándosela bajo la barbilla, y levantándole la cabeza hasta que sus miradas se cruzaron.

–Eh, no te preocupes, todo va a salir bien – la tranquilizó – en cuanto encontremos a la chica de Robert, Alice será historia.

–Prométemelo – le pidió ella con voz temblorosa – prométeme que esta vez la mataremos.

–Una vez no lo hice, porque pensé que ese era mi deber – se detuvo un momento – me equivocaba.

–Te odié… te odié con toda mi alma – sollozó ella

–No volveré a cometer ese error –le susurró al oído– Solo mantén la compostura hasta que llegue el momento, no debe sospechar nada.

La estrechó con fuerza entre sus brazos, mientras ella apoyaba la cabeza sobre su pecho. Estuvieron parados unos segundos, hasta que ella, con delicadeza, se apartó.

–Deberíamos subir – susurró – No es bueno que el jefe llegue tarde.

–Eso ya lo has dicho – sonrió él.

Sin apartarse el uno del otro caminaron hasta la escalera, allí ella se adelantó, y subieron al nivel principal de la nave. Avanzaron a través del pasillo hasta la sala común, allí esperaban Demi y Zdenko, preparados para abandonar la nave. Noemia se quedó allí, mientras Damian continuaba hasta la cabina. Sentada a los mandos Nuan terminaba la maniobra de atraque, mientras Guillermo esperaba en pie justo tras ella.

La Angerona se encontraba ya en el interior del hangar de la patrullera. Varias lanzaderas descansaban estacionadas en uno de los extremos, pero la mayoría de su superficie estaba completamente vacía. Un leve temblor anunció que la nave se había acoplado a los anclajes magnéticos, y a partir de ahí fue guiada siguiendo un sistema de railes hasta su embarcadero.

A traves del cristal Damian pudo ver la comitiva que les esperaba. El capitán de la Atalanta, Jarek Alinari, junto a algunos de sus oficiales, y a su lado Walther Bourg.

–Walth, Watlh… – susurró para si – es una lástima que estés metido en esto.

–En cuanto estemos listos extiende la pasarela – le indicó a Nuan mientras se apartaba del cristal y abandonaba la cabina– Tenemos mucho de lo que hablar ahí abajo.

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