Carta Estelar – 8 – Pausa – Nereida

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8.3 – Nereida

portada_miniPoco a poco el fuego fue apagándose. A su alrededor la tripulación de la Aditi al completo, junto a sus nuevos pasajeros, continuaba reunida. Goodey en Ida, completamente borrachos, bailaban mientras Anton, en no mejores condiciones, tocaba una estridente y desafinada canción popular en un viejo violín eléctrico. El capitán, pensativo, ignoraba completamente el discurso que Tom balbuceaba acerca de lo lucrativo que sería entrar en el mercado del tráfico de alimentos para mascotas, dándole pie a seguir con ocasionales contestaciones genéricas. Junto a ellos Meira y Régis esperaban sentados, en silencio, bebiendo esporádicamente sorbos de la única botella de ron que aún  no habían vaciado. Él rodeaba su cintura con el brazo, y ella apoyaba la cabeza contra su hombro, pero apenas se miraban. Ligeramente apartados de ellos, sentados en la arena, Sharp trataba de iniciar una conversación con Nereida, quien rehuía con evasivas todas las preguntas del piloto.

Habían pasado varias horas desde su aterrizaje, y la noche estaba bien avanzada.

–Creo que debería irme a dormir – comentó Nereida ahogando un bostezo

Trató de levantarse, un fuerte pinchazo en el abdomen hizo que casi se cayese, había olvidado por completo como se encontraba. Sharp la sujetó, ayudándola a ponerse en pie.

–Espera, espera – le dijo – no deberías tratar de andar sola, no aun.

–Lo sé, lo sé… – respondió – es solo… ¿te importaría…? Creo que necesito ayuda para llegar al camarote

–Faltaría más, señorita – contestó con caballerosidad.

Al verles Meira se apartó de Régis.

–Esperad – les indicó levantándose – os acompañaré, me gustaría echarle un ojo antes de que se fuese a dormir… por precaución.

–Meira… – trató de llamar su atención Régis sujetándola la mano

–Espera aquí – le indicó soltándose – volveré en un momento.

–Usted manda, doctora – asintió Sharp – Nuestro otro médico no parece en condiciones – comentó riendo levemente entre dientes – Capitán, creo que yo también me retiraré, le dejo al cuidado de esos – señaló con un gesto de cabeza a Ida, Goodey y Anton, que continuaban con su alegre show.

Alan se despidió de ellos, mientras caminaban en dirección a la nave. Junto a él quedaba Régis, visiblemente contrariado, y Tom que segundos después decidió unirse al baile.

Nereida se encontraba algo más fuerte que cuando había bajado, aun así necesitó de la ayuda de Sharp para subir la rampa de la nave. Tras ellos caminaba Meira, muy cerca, pudo notar sus manos sobre su cintura en un momento en que había dado un paso en falso y estuvo a punto de perder el equilibrio.

La llevaron de vuelta al camarote, y allí Sharp la ayudó a llegar hasta la cama y sentarse, mientras Meira aguardaba en la entrada.

–Gracias… por traerme – Nereida evitaba mirarle a la cara al contestar

–Ha sido un placer – sonrió Sharp, que llevaba un buen rato tratando de que se sintiese cómoda – Y ahora señoritas, si me disculpan, me retiraré a dormir, mañana espera un día de mucho trabajo.

Tras despedirse abandonó el camarote dejándolas solas.

Se quedaron mirándose unos segundos, antes de que Meira se decidiese a acercarse. Se colocó junto a ella y, tras apartarle el pelo, le puso la mano suavemente en la frente.

–La fiebre parece haber remitido – le informó – ¿Te habían inyectado alguna vez Plasma R?

Nereida negó con la cabeza. Aquello debía ser una de las pocas cosas que nunca se había mezclado con su sangre.

–Tu cuerpo lo ha asimilado muy bien, te estas recuperando muy rápido.

Se agachó ligeramente hasta quedar justamente frente a ella.

–Ahora no te muevas – le indicó mientras, con delicadeza, le levantaba un parpado

Mientras Meira la observaba no pudo evitar quedarse embobada mirándole a los ojos, azules como las claras aguas de las lagunas de los atolones. Nereida notaba un ligero hormigueo en la boca del estómago. Meira se apartó ligeramente, despacio.

–Todo parece estar bien… – durante un instante le pareció que también se había quedado mirándola a ella –…ahora túmbate.

Trató de levantar las piernas, aun le costaba. Al verlo Meira se agachó, le sujetó suavemente las pantorrillas, y le levantó las piernas, con cuidado, colocándolas sobre el colchón.

–Despacio – le dijo suavemente mientras Nereida se recostaba – con cuidado.

Cuando estuvo tumbada en la cama Meira se sentó junto a ella, de lado, mirándola directamente. Despacio, casi vacilante, le levantó la camiseta unos centímetros, dejando al descubierto la marca aun visible del disparo. Igual que había hecho antes colocó los dedos sobre su abdomen, y comenzó a deslizarlos sobre su piel, deteniéndose esporádicamente y ejerciendo una leve presión.

–Avísame si en algún momento te duele

Deslizaba los dedos con suavidad a la derecha de su ombligo. Al contrario que en la ocasión anterior, no sintió ningún pinchazo. Un par de minutos después Meira se detuvo.

–Todo está bien – suspiró aliviada – Mañana estarás caminando.

Nereida sonrió al escucharlo.

–Gracias – le cogió suavemente la mano – Gracias otra vez por salvarme la vida.

–Técnicamente es… es culpa mía que te hiriesen – confesó avergonzada Meira – y… te hemos convertido en fugitiva… no sé hasta qué punto merezco agradecimientos…

Nereida cerró la mano alrededor de la suya, acariciándole suavemente la palma con las yemas de los dedos.

–No te preocupes por eso. Ahora estoy viva, y eso es gracias a ti. Tampoco es que  mi vida antes de esto fuese fenomenal…

Consiguió arrancarle a Meira una pequeña sonrisa antes de que se levantase.

–Debería irme, mi amigo va a impacientarse – anunció gesticulando nerviosa

Se despidieron y abandonó el camarote. Como la vez anterior que había abandonado aquel camarote necesitó detenerse y respirar hondo, centrarse y aclararse. Cuando volvió a la playa Régis ya no estaba, el capitán le explicó que se había ido unos minutos antes. En el lugar donde había estado continuaba la botella de ron que habían estado bebiendo. Se sentó en la arena y la cogió, aún quedaba suficiente para emborracharse, en aquel momento lo necesitaba.

Continuará… – 8 – Pausa – Régis

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