Carta Estelar – 8 – Pausa – Nereida

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8.3 – Nereida

portada_miniPoco a poco el fuego fue apagándose. A su alrededor la tripulación de la Aditi al completo, junto a sus nuevos pasajeros, continuaba reunida. Goodey en Ida, completamente borrachos, bailaban mientras Anton, en no mejores condiciones, tocaba una estridente y desafinada canción popular en un viejo violín eléctrico. El capitán, pensativo, ignoraba completamente el discurso que Tom balbuceaba acerca de lo lucrativo que sería entrar en el mercado del tráfico de alimentos para mascotas, dándole pie a seguir con ocasionales contestaciones genéricas. Junto a ellos Meira y Régis esperaban sentados, en silencio, bebiendo esporádicamente sorbos de la única botella de ron que aún  no habían vaciado. Él rodeaba su cintura con el brazo, y ella apoyaba la cabeza contra su hombro, pero apenas se miraban. Ligeramente apartados de ellos, sentados en la arena, Sharp trataba de iniciar una conversación con Nereida, quien rehuía con evasivas todas las preguntas del piloto.

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Carta Estelar – 8 – Pausa – Alice

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8.2 – Alice

portada_miniHabía ocurrido hacía ocho años. Sola, en una sala de interrogatorio, tumbada sobre una larga y fría mesa de metal, esperando. Su castigo con seguridad iba a ser la muerte. No se arrepentía. Aún era joven, pero su vida había sido plena. Se había sentido viva a cada momento, en los buenos y en los malos. Había vivido sin ataduras morales, sociales, o de cualquier otro tipo. La ley no se había hecho para ella. Iba a morir, pero lo hacía totalmente en paz. Poco antes, en sus últimos días de libertad, había puesto en jaque a la compañía Jade al completo. No tenía muy claro como había empezado, pero lentamente había ido ganando relevancia. Siendo apenas una adolescente se había convertido en un elemento sumamente incómodo para la administración, y al alcanzar la mayoría de edad su cabeza tenía un precio del que estaba orgullosa. ¿Cuánta gente había tenido que morir para ello? No lo recordaba. No era de esa clase de gente. No tenía un ritual ni una lista, no guardaba recuerdos ni amuletos. Solo recordaba a los especiales. Recordaba al primero, recordaba a quienes la habían traicionado, a los que no debían haber perecido. Recordaba a los que fueron un reto. ¿Cuántos habían muerto? Demasiados, o quizá demasiado pocos, todo era una cuestión de punto de vista. Pero todos lo habían hecho por una noble causa. Todos habían contribuido a su libertad, a su desdicha y felicidad, y en definitiva a conseguir que tuviese una vida plena. Todos habían dado sus mediocres existencias a cambio de que ella pudiese experimentar algo a lo que todos deberían tener derecho. Al final había caído, sabía que tarde o temprano acabaría ocurriendo. Con el tiempo había empezado a correr riesgos, a intentar locuras. Cuando supo que la compañía Jade la perseguía hizo lo que nadie había hecho en muchos años, les plantó cara. Se enfrentó a ellos, para ella era un juego, y al final cometió un error, un error grave, y la encontraron.

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Carta Estelar – 8 – Pausa – Alan

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8.1 – Alan

portada_miniA pocos metros de la Aditi se había formado un pequeño corro alrededor de una hoguera sobre la arena. A escasos metros del límite del bosque parte de su tripulación, junto con sus actuales pasajeros, compartían entre risas el ron que John había encontrado en el almacén. Caminó hacia ellos con tranquilidad, a decir verdad necesitaba una copa.

 – ¡Capitán! – Exclamó Goodey al verle acercarse – ¿Vienes a unirte a nosotros? Justo ahora les estaba contando…

–No le hagáis ni caso, es un exagerado – cortó el capitán mientras se sentaba

–… lo de Plutón ¿recuerdas? Cuando Ida se…

– ¡Pero quieres callarte! – le espetó ella sonrojada

– ¡Oh, venga! Es una historia divertidísima – se quejó John – no sé por qué te molesta.

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Carta Estelar – 7 – Tierra – Maya

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7.5 – Maya

portada_miniDesde que varios siglos atrás acabase el Éxodo, la Tierra había sido una reserva natural. Un lugar vetado para la humanidad donde la naturaleza había podido curar sus heridas con tranquilidad. La contaminación de la sociedad industrial, la superpoblación y finalmente la guerra, habían devastado muchos de sus territorios, acabado con gran parte de las especies que la habitaban y cambiado el devenir de la evolución para siempre.

Cuando la humanidad se decidió a abandonarla se hizo un pacto. No importaba cuanto tiempo pasase, no importaba cuán lejos se expandiese la especie. No importaba que formasen grandes imperios o que la raza humana acabase convertida en una estirpe de vagabundos del sistema solar. Pasará lo que pasara la Tierra sería patrimonio de toda la humanidad, ajena a fronteras, a intereses y a conflictos. Pasará lo que pasara nunca sería colonizada de nuevo.

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Carta Estelar – 7 – Tierra – Sharp

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7.4 – Sharp

portada_miniLa Aditi se deslizaba velozmente pocos metros sobre las aguas, ágil y silenciosa, rodeando islas, pasando casi a la altura de las copas de los árboles. Manteniéndose por debajo de la velocidad del sonido, su aerodinámica, aun intacta pese a la gran cantidad de parches del casco, junto sus silenciosos motores, hacía que fácilmente pudiese confundirse con la brisa del océano. Lo único que delataría su presencia sería la visión directa de sus doscientas toneladas de metal repartidas en una semielipse de casi sesenta metros de largo y cuarenta de ancho.

Una vez que hubo acabado la maniobra de entrada, con la nave completamente fuera de peligro y estabilizada, Sharp había vuelto a activar el interfaz de voz de la nave.

–Bienvenida de nuevo, pequeña – saludó cariñosamente – siento haber tenido que desactivarte, pero lo que acabas de pasar te habría dolido.

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Carta Estelar – 7 – Tierra – Régis

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7.3 – Régis

portada_miniRégis había pasado la reentrada en su camarote, solo, tremendamente cabreado. No entendía cómo podía estar todo el mundo tan tranquilo. Sobre todo no entendía cómo podía estar Meira tan tranquila. Aquel estúpido plan, que nunca esperó llegar a poner en práctica, había salido rematadamente mal. De pronto había participado en un tiroteo, era un fugitivo y se encontraba acompañado de un puñado de contrabandistas. Para colmo por culpa suya aquella chica había recibido un balazo. ¿Les demandaría cuando saliesen de allí? La verdad es que daba igual, su carrera estaba acabada, su futuro entero se había ido al garete. Y con la que estaba cayendo Meira perdiendo el tiempo yendo a mirar por la ventanilla, y juntándose con aquellos criminales ¿En que estaba pensando? Si querían tener alguna opción de salir de allí medianamente bien lo que tenían que hacer era apartarse de ellos, no unirse a su tripulación. Encima antes, al borde de un ataque de nervios, la había cagado echándole en cara a Meira todo aquel desastre. Por suerte ella había aceptado sus disculpas. Ahora tenía que calmarse y empezar a pensar. Tenía que encontrar una manera de sacarlos de allí y llevarlos de vuelta a casa, preferiblemente evitando la cárcel.

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Carta Estelar – 7 – Tierra – Nereida

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7.2 – Nereida

portada_miniEspero a que la nave se estabilizara para soltarse las correas. El descenso no había sido tan turbulento como le habían advertido, pero se encontraba muy débil. Durante la reentrada había esperado tumbada en la cama, emocionada, con la mirada fija en el pequeño ojo de buey de la pared. Hacía muchos años de su última visita a la Tierra, demasiados. Demasiados sin sentir la brisa en el rostro, bañarse en el mar o pisar descalza una pradera húmeda por el rocío de la mañana.

Lentamente se incorporó, cuidándose de apoyar todo el peso posible en los brazos. Pese a los calmantes, le ardía el torso entero. Sabía que aún no debía moverse, pero no podía esperar más. Bajo los pies hasta el suelo, despacio, hasta notar un leve escalofrió cuando se apoyaron en la rejilla metálica. Se quedó sentada en el borde de la cama unos segundos. Tras armarse de valor se impulsó con piernas y brazos y se puso en pie. Las fuerzas estuvieron a punto de fallarle, pero consiguió apoyarse en la pared. Sin separarse de esta trató de caminar hasta el ventanuco. Cada paso era un auténtico suplicio, las piernas le vacilaban y el dolor no cesaba. Apenas tenía que avanzar un par de metros, pero le parecieron una eternidad.

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