Perdámonos en el Espacio

El blog de A. Suárez Mascareño

En marzo de 2009 la NASA lanzó al espacio el observatorio espacial Kepler. La misión, destinada a la búsqueda de planetas extrasolares mediante el método de tránsitos, ha sido uno de los proyectos de exploración del universo más ambiciosos de los últimos años. La nave contaba con un telescopio de 1.4 metros de diámetro que le permitió descubrir miles de planetas, entre ellos algunos de los más pequeños conocidos. Ese mismo telescopio de 1.4 metros causó que la misión Kepler pudiese observar solo estrellas lejanas. Un telescopio tan grande recoge mucha luz, un requisito imprescindible para obtener la precisión que se buscaba. En el caso de las estrellas brillante recoge demasiada luz, llegando a saturar su cámara y haciendo que no se pueda obtener información científica. Esto llevó a una de las grandes limitaciones de la misión Kepler: La mayor parte de sus planetas descubiertos giran alrededor de estrellas muy lejanas, y débiles, lo que los hace difíciles de confirmar por otros medios o de caracterizar. TESS, lanzada ayer, viene a estudiar parte de las estrellas que Kepler no pudo. 

Demos la bienvenida a TESS, el nuevo buscador de planetas de la NASA

Desde su descubrimiento en 2016, Proxima b, el pequeño planeta orbitando la zona de habitabilidad de nuestra estrella vecina, se convirtió en uno de los objetos más prometedores para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. El planeta, de aproximadamente la masa de la Tierra y con una temperatura de equilibrio estimada compatible con la presencia de vida, ha sido el objetivo de muchos proyectos especulativos para el estudio de su atmosfera e incluso para el envío de misiones interestelares no tripuladas que pudiesen estudiarlo de cerca. Las condiciones de Proxima b parecían, a priori, adecuadas para la vida, pero parece que en realidad podría ser un lugar mucho más hostil de lo que se creía.

Una erupción estelar para acabar con la vida

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Comentario

Hace 3 años, un equipo de astrónomos estadounidenses, liderados por Andrew Howard, anunció el descubrimiento de un pequeño planeta en órbita a la estrella GJ 15 A. Se trataba de una supertierra, con una masa alrededor de cinco veces mayor que la Tierra, en una órbita de 11.4 días alrededor de una enana roja, de aproximadamente un tercio del tamaño del Sol. El descubrimiento se llevó a cabo usando medidas de velocidad radial de HIRES, el espectrógrafo de alta resolución del telescopio Keck, en Hawaii. Esa estrella llevaba desde 2013 en el programa de búsqueda de exoplanetas alrededor de enanas rojas en el que participo. El mismo programa que permitió los descubrimientos de dos supertierras en la estrella GJ 3998, una supertierra en el límite de la zona habitable de la estrella GJ 625 y una supertierra en órbita a la estrella GJ 3942.

GJ 15 A – El sistema múltiple más cercano

A 240 millones de años luz de la Tierra, en la constelación de Perseo, se encuentra uno de los cuerpos más masivos del universo conocido. Se trata de una acumulación de miles de galaxias, distribuidas en una región de 2 millones de años luz de diámetro, ligadas entre ellas por la gravedad y sumergidas en una inmensa nube de gas hirviendo a millones de grados de temperatura. Este objeto se conoce como “Cúmulo de Perseo”, y allí tiene lugar uno de los más impresionantes fenómenos de meteorología cósmica conocidos. Una gigantesca ola de gas, de una extensión de dos millones de años luz y 5000 millones de años de antigüedad,  sale del cúmulo como si de una inmensa borrasca cósmica se tratase. 

Una borrasca cósmica