El telescopio espacial Hubble

Hace una semana supimos que el telescopio espacial Hubble había sufrido una avería en uno de sus giroscopios. El telescopio originalmente contaba con seis giroscopios, que utiliza para orientarse y apuntar. El trabajo normal del telescopio requiere tres giroscopios activos. Es posible trabajar con dos, aunque con ciertas limitaciones. Operando con dos no es posible acceder a todo el cielo, ni a observaciones que requieran mucha precisión o estabilidad en el apuntado. En estos momentos cuatro de esos giroscopios han fallado, dejando al telescopio con solo dos activos, y sin la posibilidad de reemplazarlos. En estos momentos el telescopio se encuentra en modo seguro, a la espera ver si desde si desde la NASA son capaces de reactivar uno de los giroscopios de forma remota. Si no pudiesen, el telescopio podría volver pronto al servicio activo, pero seguramente perdería parte de sus capacidades y tendría que re-evaluarse el tipo de ciencia que se hace con él. Estamos ante el inicio de una nueva era para el telescopio espacial Hubble, quizá incluso ante el inicio del fin de su andadura. Es un buen momento para recordar la historia del objeto más famoso que hemos puesto en el espacio.

La estrella más lejana jamás vista

Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, tan lejano que resulta difícil de imaginar, existía una enorme estrella de color azul. Esta estrella, bautizada como Ícaro, era más de 100 veces mayor que nuestro sol, y brillaba con una intensidad miles de veces mayor que la del astro que gobierna el Sistema Solar. El tiempo de Ícaro se acabó hace miles de millones de años, pero su luz todavía nos llega hoy en día. Esta estrella, descubierta ahora gracias a un capricho de la naturaleza, se ha convertido en la estrella más lejana jamas observada por la humanidad.