Sesgos inconscientes

Nuestra sociedad, nuestras grupos, nuestros centros de trabajo… están llenos de elementos que fomentan la discriminación y la desigualdad, pero rara vez se trata de acciones deliberadas para evitar la igualdad. Aunque existen casos donde algunas personas discriminan a otras de forma consciente y deliberada en función de su sexo, etnia o religión, estos no son la norma. En la mayor parte de los casos se trata de actitudes e ideas enterradas en nuestro subconsciente que moldean día tras día nuestras acciones y nuestras interacciones con los demás. Estas ideas y actitudes son una de las causas principales de los problemas de sexismo (entre otros) que sufre el mundo de la ciencia.

Sexismo en la ciencia

Mañana es día de la mujer, día en el que en España está convocada una huelga feminista a nivel nacional que está encontrándose con una oposición que hacía mucho que nos e veía en una huelga. Es posible que alguno piense ¿Y que tiene esto que ver con la ciencia? Justo de eso es de lo que hoy escribo. 

Al mundo de la ciencia le gusta verse a si mismo como el paradigma de la meritocracia. Como un reino de objetividad donde las personas prosperan en base a su talento y esfuerzo, sin que ninguna otra variable entre en juego. El sexo o el genero no son variables a tener en cuenta en el desempeño científico, solo el talento y el esfuerzo. Pero en la practica los equipos de investigación están copados por hombres. 

El mundo de la ciencia es un mundo plagado de machismo, que poco a poco empieza a reconocer los problemas que arrastra. Los equipos están formados principalmente por hombres, los requisitos para acceder a plazas están diseñados para hombres (idealmente solteros, o acompañados de una pareja que no trabaje), y el ambiente en los centros de trabajo es hostil y paternalista hacia las mujeres.