En la asamblea general del proyecto Planet S

15327289_653801824802477_3342694570127748930_nEsta semana he pasado varios días en la asamblea nacional del proyecto Planet S, del que ahora mismo soy investigador asociado, que se celebró en Grindelwald (Suiza) entre los dais 23 y 25 de Enero. Planet S es un proyecto interdisciplinar que engloba a las universidades de Berna, Ginebra y Zurich, así como las escuelas técnicas de Zurich y Lausanne. El objetivo es llevar a cabo un estudio completo de los sistemas exoplanetarios,  abarcando desde la búsqueda y caracterización de planetas extrasolares, al estudio de su origen, evolución y arquitectura.  Planet S representa el embrión del futuro Instituto de Ciencias Exoplanetarias de Suiza.

La asamblea tuvo lugar en el pequeño pueblo de Grindelwald, en el cantón de Berna. A suficientes horas en autobús y tren de Ginebra para que tuviese que levantarme a las 5 y media de la mañana para llegar a la asamblea con tiempo justo para guardar mis cosas y acudir a la presentación.

La primera jornada fue la típica de una reunión de este estilo. Visión institucional, puesta al día en temas organizativos e informe del estado de diferentes proyectos. Una parte necesaria para poner en contexto todo lo que se ha avanzado y poner al día a gente de diferentes instituciones, pero siempre la más aburrida. El punto álgido fue la felicitación a Michel Mayor (descubridor de 51 Pegasi b) por recibir el premio Wolf de Física.

Por suerte no fue así durante todo el día y la parte final empezó a centrarse en la ciencia. Con mención especial al proyecto de búsqueda del Planeta 9.

Durante el final del primer día la organización se encargó de enfatizar el aspecto social y la construcción de la imagen del proyecto entre los asistentes. Un pequeño juego — con premio incluido — durante el cocktail de bienvenida y la cena obligó a mezclarse con miembros de otras instituciones y a hablar entre nosotros de lo que sabíamos del proyecto, su pasado y su futuro. Una muy buena iniciativa que no solo ayudó a amenizar la tarde, sino a crear nuevos lazos entre gente que no nos habíamos visto nunca.

El segundo día fue el día de la ciencia. Sesiones primero sobre el trabajo preparatorio para la futura misión CHEOPS, y sobre proyectos interdisciplinares — estudios del interior terrestre por ejemplo. Después vinieron sesiones paralelas de diferentes temas relacionados con el estudio de sistemas planetarios. Yo pasé casi todo el tiempo en la sesión de formación y evolución de sistemas planetarios, mientras que las otras dos fueron de formación de planetas y estudio de atmósferas planetarias. El día acabó con más de cien científicos bebiendo vino caliente a 6 grados bajo cero y una raclette en la que se acabaron las patatas y hubo que sustituirlas por patatas fritas, para sorpresa y enfado de unos cuantos.

El tercer día fue el día de los temas no científicos. Talleres de comunicación, creación de redes laborales e igualdad de género. Fue el día en que más activo estuve, y el que probablemente fuese el día más útil de todos. Aunque se que bastantes de mis compañeros no compartirán mis palabras, es fácil que fuese el día más importante de los tres. Por un lado porque en los talleres de comunicación y redes laborales tratamos cosas que los investigadores no solemos tener muy controladas. La comunicación profesional a la que nos acostumbramos tiene poco que ver con la comunicación hacia el exterior, y muy pocos científicos saben de verdad hacer la segunda. Muchos ni siquiera piensan que sea algo relevante. La orientación de nuestra carrera y la creación de redes que ayuden a dirigirla hacia donde queremos es otro punto que solemos descuidar. Una vez que uno entra en la carrera académica es fácil simplemente dejarse llevar por la corriente, ir cogiendo puestos que continúan el trabajo del anterior, y nunca preocuparse por crear y cuidar una red que nos permita ir hacia donde queremos en lugar de hacia donde nos lleva la corriente.

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El taller de igualdad de género fue más importante aún. Hace algunas semanas había comentado en twitter lo que veo en mi centro de trabajo y en el anterior. En este caso la exposición que hizo Olga Vinogradova, del Swiss Centre of Expertise in Human Rights, confirmó el problema que expreso en los tweets con un estudio mucho más detallado y profundo del que yo podía hacer con mi limitada perspectiva. Las mujeres encuentran muchas más dificultades para acceder a posiciones de investigación científica, y estas dificultades se incrementan en puestos de mayor rango. El porcentaje de mujeres en las diferentes categorías se reduce paulatinamente hasta ser testimonial en los puestos de dirección. Las instituciones hacen trabajo para tratar de solucionarlo, pero en su mayor parte es insuficiente y de poco calado. De momento gobiernos e instituciones siguen siendo muy reacias a poner en practica las medidas necesarias para atajar el problema.

Además de presentarnos un informa bastante completo de la situación, nos planteó una serie de ejercicios que demostraron que parte de nosotros aun tiene interiorizadas muchas de las ideas que llevan a esta situación. Sobre temas que deberían haber sido — en mi opinión — relativamente unánimes hubo bastante discusión, en la que apareció una y otra vez la idea de que hay diferencias intrínsecas entre hombres y mujeres que podrían explicar la falta de mujeres en la ciencia. No fueron muchas voces, pero fueron suficientes para dejar claro que hace falta hacer mucha pedagogía en el mundo científico. Hace falta más feminismo. 

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Continuando con este tema con una nota más positiva cabe destacar que durante la recapitulación final fue con diferencia el tema individual que más tiempo tuvo. No se trató de pasar de puntillas sobre el tema y se pusieron sobre la mesa los problemas existentes y la voluntad de solucionarlos. Con objetivos e iniciativas concretas para llevar a cabo a partir de los próximos meses. Brian P. Schmidt (Premio Nobel de Física y consultor externo en esta asamblea) fue especialmente crítico con la situación dentro de la colaboración y estuvo muy activo proponiendo medidas, incluyendo la creación de espacios exclusivamente femeninos en futuras asambleas y dentro de cada una de las instituciones participantes.

Con eso acabó la asamblea nacional del proyecto Planet S, al que acabo de llegar. Un proyecto ambicioso, imperfecto, y con un potencial inmenso que debería verse realizado. No le falta ni el talento ni la financiación ni, en apariencia, la voluntad.

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Todos los asistentes reunidos. En esta aparezco también 🙂

** Todas las fotos (excepto el amanecer en el tren) pertenecen a Planet S

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