Ciencia

Nubes de hierro y titanio

Los primeros planetas descubiertos alrededor de otras estrellas fueron muy diferentes de los que podíamos encontrar en nuestro sistema solar. Los primeros exoplanetas, descubiertos por el equipo liderado por el astrónomo Aleksander Wolszczan, fueron descubiertos orbitando el pulsar PSR 1257+12. En aquel momento la expectativa era la de que solo sería posible encontrar exoplanetas en estrellas de secuencia principal, pero el primer descubrimiento llegó en una estrella muy evolucionada. El primer descubrimiento alrededor de una estrella similar al Sol llegó en 1995. El equipo liderado por Michel Mayor y Didier Queloz descubrió un planeta de aproximadamente la mitad de la masa de Jupiter en órbita alrededor de la estrella 51 Pegasi. El planeta tenía un año de apenas 4 días, y se encontraba a una temperatura de más de 1200 grados. De nuevo se trataba de algo que no existe en nuestro sistema solar. La primera lección que aprendimos durante la búsqueda de planetas alrededor de otras estrellas es que las cosas no iban a ser como esperábamos.

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Los géiseres de Europa

Europa ha sido, desde hace mucho tiempo, uno de los lugares del sistema solar que con más fuerza ha despertado la imaginación de la humanidad.  Esta luna de Jupiter, la menor de los cuatro satélites galileanos, ha sido en muchas ocasiones considerada el lugar con más probabilidades de albergar vida fuera de la Tierra. 

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El interior de los planetas

A día de hoy conocemos un gran número de planetas. La mayor parte de ellos orbitando alrededor de otras estrellas. La mayor parte de ellos, cuando aparecen en prensa, lo hacen por sus posibilidades de albergar vida. Por su distancia a su estrella y su tamaño, principalmente. Algunas veces lo hacen porque ha podido detectarse alguno de los elementos de su atmósfera. Otras veces, aunque no sea tan común, lo hacen debido a la composición de su interior.

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Urano huele a huevos podridos

Si algún día una misión tripulada se adentrase en la atmósfera de Urano, y los intrépidos astronautas pudiesen abrir la ventanilla para respirar un poco de aire fresco (imaginando que no muriesen al instante por hacerlo), se encontrarían con un olor nauseabundo, similar al de los huevos podridos. Parece una broma, pero no lo es. Un reciente estudio ha analizado la composición de las nubes de las capas altas de la atmósfera de Urano, y han encontrado con que apestan.

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Demos la bienvenida a TESS, el nuevo buscador de planetas de la NASA

En marzo de 2009 la NASA lanzó al espacio el observatorio espacial Kepler. La misión, destinada a la búsqueda de planetas extrasolares mediante el método de tránsitos, ha sido uno de los proyectos de exploración del universo más ambiciosos de los últimos años. La nave contaba con un telescopio de 1.4 metros de diámetro que le permitió descubrir miles de planetas, entre ellos algunos de los más pequeños conocidos. Ese mismo telescopio de 1.4 metros causó que la misión Kepler pudiese observar solo estrellas lejanas. Un telescopio tan grande recoge mucha luz, un requisito imprescindible para obtener la precisión que se buscaba. En el caso de las estrellas brillante recoge demasiada luz, llegando a saturar su cámara y haciendo que no se pueda obtener información científica. Esto llevó a una de las grandes limitaciones de la misión Kepler: La mayor parte de sus planetas descubiertos giran alrededor de estrellas muy lejanas, y débiles, lo que los hace difíciles de confirmar por otros medios o de caracterizar. TESS, lanzada ayer, viene a estudiar parte de las estrellas que Kepler no pudo. 

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Una erupción estelar para acabar con la vida

Desde su descubrimiento en 2016, Proxima b, el pequeño planeta orbitando la zona de habitabilidad de nuestra estrella vecina, se convirtió en uno de los objetos más prometedores para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. El planeta, de aproximadamente la masa de la Tierra y con una temperatura de equilibrio estimada compatible con la presencia de vida, ha sido el objetivo de muchos proyectos especulativos para el estudio de su atmosfera e incluso para el envío de misiones interestelares no tripuladas que pudiesen estudiarlo de cerca. Las condiciones de Proxima b parecían, a priori, adecuadas para la vida, pero parece que en realidad podría ser un lugar mucho más hostil de lo que se creía.